El maestro responde
Tu deber es penetrar y llamar a la puerta, y la puerta se abrirá. Este poder interior no se equivoca. Te abrirá la puerta cuando vea que ha llegado la hora. Aumenta tu amor y tu devoción, y entrégate completamente a su cuidado.
M. Sawan Singh. Joyas espirituales.
P. En el libro Filosofía de los maestros, se hace mucho énfasis en que el único remedio para controlar a la mente es escuchar la corriente del sonido; no existe una segunda manera. Entonces, ¿cómo podemos controlar a la mente si no escuchamos la corriente del sonido? Porque no podemos hacer simran si la mente no está controlada.
R. Entonces trata de alcanzar ese nivel para estar en contacto con la corriente del sonido.
P. Pero eso tendrá mucho que ver con la gracia, ¿verdad? Si estamos esforzándonos…
R. Bueno, la gracia de Dios es que estemos en el sendero. A partir de aquí, tenemos que esforzarnos al máximo por mantenernos firmes y lograrlo. Es indiscutible que a menos que la mente encuentre algo superior a los placeres sensuales, le va a ser muy difícil dejarlos. Y ese algo superior lo ha puesto el Señor en el interior de cada uno de nosotros. Está justo en el centro del ojo: el sonido. Así que debemos hacer lo posible por estar ahí, para estar en contacto con ese sonido y llegar a saborear el néctar, el agua viva interior. Entonces la mente dejará de correr tras los sentidos.
El Gran Maestro dice que no es posible controlar a la mente mediante austeridades, ni leyendo libros, ni huyendo de las situaciones, ni por simple fuerza de voluntad. Solo podemos someter a la mente con la ayuda del sonido. De otro modo es como introducir una serpiente en una cesta. Mientras esté dentro, estamos a salvo de su veneno, de su aguijón. Pero ¿cuánto tiempo podremos mantener a esa serpiente en la cesta? En cuanto salga, volverá a hacer de las suyas. Sin embargo, si le quitamos el aguijón, el veneno, se vuelve inofensiva. Por esa razón los místicos dicen: No creamos que vamos a poder controlar a la mente huyendo de las situaciones, o con austeridades, rituales y ceremonias. Eso solo es poner a la serpiente en el cesto. Demos a la mente un placer mejor que el de los placeres sensuales; entonces automáticamente dejará los sentidos.
P. Intentarlo, ¿tan solo intentarlo?
R. Hermana, es una lucha continua con la mente. No es una cuestión de un año o dos; es una lucha constante con la mente. Desafortunadamente, no somos conscientes de cuántas edades ha estado la mente dispersándose en el exterior, y cuánto tiempo y esfuerzo llevará alejarse de todo eso y llegar al centro del ojo. ¡Pero merece la pena!
P. Maestro, cuando tenemos un pensamiento fuerte sobre una situación, ¿hay alguna manera de erradicarlo o disminuir su efecto?
R. Puedo decir algo mejor. En lugar de estar preocupados por eliminar ese pensamiento, apeguémonos al sonido interior y automáticamente nos elevaremos por encima de ese pensamiento. Es muy difícil eliminar los pensamientos uno por uno. Es imposible. Pero cuando nos apegamos al Shabad y al Nam interior, todos estos pensamientos se eliminan automáticamente. En lugar de maldecir la oscuridad, deberíamos encender una vela.
M. Charan Singh. Perspectivas espirituales, vol. II
P. ¿Qué es la voluntad del Señor?
R. Bueno hermano, cuando decimos que tenemos que vivir en la voluntad del Señor, realmente quiere decir que tenemos que vivir nuestro destino, tomándolo sonrientemente como algo que nos ha asignado el Padre, aunque son nuestras propias acciones, las semillas que hemos sembrado y tenemos que recoger. A eso llamamos vivir en la voluntad del Señor. En realidad, son nuestras semillas, son nuestras acciones, y estamos enfrentándonos al efecto de estas acciones ahora, como nuestro destino.
Pero vivir con nuestro destino de manera feliz y aceptarlo alegremente es vivir en la voluntad del Señor. Eso no significa que el Padre lo haya escrito para que tengamos que afrontarlo Siguen siendo nuestras propias acciones. Somos los creadores de nuestro destino. Así que aceptemos nuestro destino felizmente y enfoquémonos en la meditación. Eso es vivir en la voluntad del Padre.
M. Charan Singh. Perspectivas espirituales, vol. III