Veracidad de un maestro
Por sus frutos los conoceréis.
¿Acaso se recogen uvas de los espinos
o higos de los abrojos?
Mateo 7:16
Un maestro espiritual verdadero habla de su propia experiencia. Como los místicos se han fundido en el estado supremo de felicidad y unión con Dios, explican lo que ellos han experimentado.
Los místicos verdaderos nunca sostienen que debamos cambiar de religión. Vienen a unir, no a dividir. El sol tiene muchos rayos, y cuando los miramos pueden parecer diferentes unos de otros, pero si miramos su origen observamos que todos ellos en esencia son una sola y la misma cosa. Podemos referirnos a Dios como Jesucristo, Alá, Krishna, energía cósmica o con cualquier otro nombre, pero lo que todos queremos en realidad es ponernos en contacto con esa misma verdad.
La espiritualidad verdadera no tiene nada que ver con los ritos y ceremonias externas de nuestras religiones; tiene que ver con el amor que debe existir en todos nosotros, independientemente de cómo lo expresemos. Dentro de nosotros no hay fronteras. Necesitamos redescubrir nuestra propia herencia divina (ese tesoro escondido en nuestro interior), y la manera de realizar esto es precisamente lo que vienen a enseñar los maestros espirituales verdaderos. Ellos se han vuelto a fundir en el origen de todas las cosas, el origen de todo cuanto existe. Para hacerlo, abandonan su cuerpo a voluntad, viajan a las regiones espirituales más elevadas y regresan a voluntad para seguir instruyendo a sus discípulos, a fin de que también ellos aprendan a realizar lo mismo.
Los maestros espirituales verdaderos no vienen a cambiar el mundo. En sus enseñanzas dejan bien claro que este mundo no está destinado a convertirse en un paraíso. Si esa hubiese sido la intención, los grandes santos y místicos del pasado ya lo habría convertido en un paraíso.
Los santos nos enseñan a recoger nuestra conciencia y fundirla en la dulce melodía del espíritu de Dios. Una vez en contacto con la música interior, la mente viaja con ella a su misma fuente, hasta que llega a su morada original. El alma, que permanecía sedienta y paralizada en el desierto de la mente, bebe del agua de la vida, y triunfante y gozosa regresa de nuevo a su origen.
Las enseñanzas de los santos son gratuitas, como todos los otros bienes de la naturaleza, como el aire, el agua o la luz del sol. Por consiguiente, el maestro espiritual verdadero nunca cobra nada ni acepta donativos por sus enseñanzas. Las imparte siempre gratuitamente. El maestro nunca es un mendigo ni una carga para nadie, y siempre se mantiene a sí mismo y mantiene a su familia ganándose el pan de cada día. En nuestro tiempo es muy difícil encontrar un verdadero maestro espiritual que únicamente esté interesado en ayudar a las personas y no en su dinero. El verdadero maestro espiritual no se opone a los que no comparten sus convicciones, ni se queja del comportamiento de los demás. No critica, ni difama, ni tampoco hace milagros, como los magos, para complacer a la gente que lo escucha. Es humilde y discreto, y mantiene ocultos sus poderes. Su principal objetivo es enseñar a sus discípulos cómo meditar en el Verbo o Shabad para conseguir la realización de Dios, y también cómo vivir su vida diaria a fin de fortalecer este trabajo espiritual.
Espiritualidad básica