Necesidad del maestro espiritual
La gente pasa años enteros en las escuelas y las universidades para estudiar una cantidad limitada de temas, pero incluso así solo ha estado ‘recogiendo piedras en la orilla del mar’. Ahora, vas a estudiar tu propio ser (alma) y su relación con la gran Verdad (Dios).
M. Sawan Singh. Joyas espirituales
Nos damos cuenta de que en la vida para aprender necesitamos siempre la ayuda de los demás. En las diferentes etapas de la vida encontramos a nuestro alrededor seres que nos acompañan y nos ayudan a crecer, madurar y formarnos, como son nuestros padres, nuestros hermanos, los profesores en la escuela y después en el trabajo que desempeñamos. De algún modo, podemos decir que el crecimiento y educación como personas no es posible sin que en nuestro entorno haya otras personas que interactúan con nosotros.
Esto es válido en nuestra experiencia en el mundo físico. Igualmente, si queremos aprender la espiritualidad necesitamos también alguien que nos ayude; el razonamiento debería ser el mismo que en el resto de los asuntos. Y ese alguien debe conocer la espiritualidad, debe tener experiencia, debe ser un maestro realizado en el Espíritu, Shabad o Verbo. Alguien que habiendo completado el viaje interior hasta la unión con el Creador, es capaz de ayudarnos a nosotros a alcanzar ese grado de espiritualidad, que no es otra cosa que la unión definitiva con el Creador. Hazur Maharaj Ji dice en Perspectivas espirituales, vol. I:
Necesitamos a un maestro que nos ayude a crear un ambiente de devoción, a fin de poder seguir ese camino e ir hacia el interior. Si en este mundo no podemos conseguir nada sin un guía o maestro, ¿cómo vamos a lograr la realización de Dios sin un maestro o guía interior?
… Él nos dice por qué hemos de conocer al Señor, dónde está, cómo encontrarle, qué es lo que nos mantiene alejados de él y la manera de eliminar estas barreras.
Sabemos mucho acerca del mundo físico, hemos avanzado notablemente en ciencia y tecnología, pero seguimos ignorando las respuestas a las grandes preguntas de la existencia: ¿Qué somos? ¿Cuál es nuestra función aquí como seres humanos? ¿Qué es esta vida humana? ¿Existíamos antes de nacer? ¿Seguiremos existiendo después de la muerte? ¿Existe realmente Dios? Tenemos opiniones, pero no sabemos nada al respecto porque no tenemos experiencia personal alguna. En el libro Misticismo se afirma:
Preguntas como estas nos miran fijamente a la cara; no podemos pasarlas por alto. Debemos responderlas si queremos llevar una vida despierta y consciente, si deseamos nuestro verdadero bienestar y el de los demás.
¿Hemos encontrado a alguien que nos dé certeza, seguridad, y respuestas claras y prácticas que puedan ofrecer alivio a las necesidades e inquietudes que tenemos? En el libro Sant Charandas leemos:
Un maestro realizado no proporciona meras medidas provisionales, sino que explica los problemas que nos han afligido durante toda la eternidad y nos ofrece una solución permanente. Él mismo ha alcanzado un estado elevado y, por tanto, es capaz de mostrar a los auténticos buscadores el camino para alcanzarlo. Solo un maestro así puede dar apoyo a quienes se sienten aplastados entre las ruedas giratorias de la existencia material.
Cuando asistimos al satsang de un maestro espiritual, percibimos que sus enseñanzas no son superficiales. Él tiene algo que irradia y expresa verdad. El Gran Maestro nos dice en el libro Filosofía de los maestros (abrev.):
Él es la verdad personificada o la realidad en forma humana. Él procede de la verdad y la refleja…
Una verdad que los discípulos captamos. Porque su verdad viene de haber experimentado la existencia desde la dimensión espiritual, llevándola al máximo grado, hasta la unión con el origen, con el Padre. Eso le capacita para ofrecernos luz; sus palabras nos iluminan y nos convencemos de que nosotros también podemos tener sus certezas, su realización, para vivir esta vida de forma plena y solucionar el enigma de la existencia.
Todos, especialmente en la juventud, hemos tenido modelos, ideales a seguir: personajes que nos impactaron y a quienes hemos deseado parecernos. De manera similar, el maestro espiritual se convierte en ese ser humano que aspiramos a emular; es nuestro ideal porque nos transmite verdad, seguridad y certeza y, especialmente, porque en él encontramos todas aquellas cualidades de un auténtico ser humano. A su alrededor se genera un ambiente de amor y paz que nos permite alejarnos de las preocupaciones y angustias del mundo. Su amor lo cubre todo, y nos otorga una paz y descanso que una vez las sentimos y conocemos no encontramos en ningún otro ser. Este amor del maestro, junto con su verdad, lo envuelve todo, y nos damos cuenta de que no hay nadie como él. En Filosofía de los maestros (abrev.) el Gran Maestro continúa diciendo:
Da fuerza al discípulo, lo cual lo capacita para considerar insignificantes los sufrimientos del mundo. La compañía y amistad de las personas del mundo son transitorias y desapa-recen. Algunas nos dejan cuando afrontamos dificultades mientras que otras lo hacen al final. Pero el maestro es el verdadero protector y el que socorre al discípulo. Está siempre con él en los momentos de dificultad o necesidad. No lo deja solo en el momento de la muerte ni después.
Sin embargo, esto no significa que nuestro destino o karma desaparezca al conocer al maestro y recibir la iniciación en el sendero espiritual. Tendremos que pasar el karma igualmente, no es que por tener maestro no tengamos que liquidarlo y sufrirlo, pero hay una gran diferencia al pasarlo amparados en él y recibiendo su amor. Es como cuando un niño se cae, se hace daño y soporta el dolor de la herida solo, alejado de su hogar. Es muy diferente pasar por esa circunstancia dolorosa solo, que acompañado del amor y protección de su madre: con ese amparo todo es más soportable. Igualmente nosotros con la protección del maestro no nos descorazonamos al afrontar los karmas difíciles, y acaba habiendo comprensión y aceptación por nuestra parte.
¡Hace tanto por nosotros el maestro! Es cierto que externamente podemos tener la percepción de ese cuidado, sin embargo, eso es solo la punta del iceberg, porque la ayuda de fondo no la vemos; él está literalmente preparándonos para llevarnos con el Señor. ¿Qué hacen los maestros por nosotros? En el libro Muere para vivir leemos:
… Ellos son tan compasivos y bondadosos que en ocasiones nos ayudan a sobrellevar ciertas situaciones (…) Nosotros somos esclavos de los sentidos, esclavos del karma, del mundo; estamos atados aquí, y ellos nos desapegan de este mundo y nos llevan de regreso al Señor. Este es el prodigio más grande.
Las personas con las que pasamos tiempo pueden mejorar o empeorar nuestro carácter. Se dice que podemos conocer a alguien por las personas con las que se relaciona. La sociedad es muy importante porque moldea nuestra vida y nuestros hábitos. Si estar con personas comunes y corrientes, que no tienen cualidades especiales puede influir en nosotros, imaginemos cuánto más nos afectará estar cerca de personas sabias y espirituales, cuya vida es profunda y trascendental. El Gran Maestro dice en Filosofía de los maestros (abrev.):
Lo mismo que el perfume de las flores derrama su dulce fragancia sobre cualquier cosa que esté cerca de ellas, (…) la compañía de los virtuosos y nobles nos eleva también a nosotros.
A través del satsang, los santos generan en nosotros el deseo de encontrar a Dios, crean amor por él en nuestro corazón, y también nos enseñan el sendero y el método de conocerlo. El único propósito del satsang es crear en nosotros amor por el Señor, y hacernos comprender que la forma verdadera del maestro es la Palabra o el Nombre.
En el libro Jalal al-Din Rumi. Masnavi leemos:
Un momento en la compañía de los místicos
es mejor que cien años de oración sincera.
No debemos interpretar esto como una negación de la importancia de la oración o la meditación; se refiere en cambio a la oración realizada bajo la guía espiritual de un maestro vivo, lo que nos permite avanzar de manera firme y segura en el camino espiritual. Los maestros subrayan la importancia de seguir sus instrucciones porque la mente nos conduce siempre a las trampas del mundo, aunque creamos que no. Es bajo la dirección de un maestro vivo, que podemos aprender a superar las dificultades y trampas del sendero interior. Es así como la oración sincera puede dar sus frutos.
Podemos entender muy bien, con un ejemplo, cómo la compañía o asociación con los místicos, sus satsangs, ayudan a desarrollar la espiritualidad. ¿Por qué llevamos a los niños a la escuela? ¿Por qué no simplemente les damos libros y les pedimos que estudien en casa? Porque la escuela crea un ambiente propicio y adecuado para aprender, algo que sería difícil de lograr sin ese apoyo. De la misma forma, la meditación es el trabajo interior que hacemos en la tranquilidad de nuestro hogar. Pero necesitamos ayuda y apoyo. Encontramos inspiración para nuestro trabajo interior en esta ‘escuela’ de aprendizaje que es el satsang.
Podríamos pensar que la meditación, por sí sola, sería lo suficientemente poderosa para dirigir nuestra atención hacia dentro. Y lo es. Pero justo cuando empezamos a inmovilizar a la mente, a entregarnos al maestro interior, nuestro ego comienza a resistirse. Ahí es cuando necesitamos el constante recordatorio del satsang. En Perspectivas espirituales, vol. III, leemos:
Toda la meditación que hagamos, tenemos que protegerla para que el ego no entre en nosotros (…) En el satsang somos capaces de generar humildad y mansedumbre en nosotros, y podemos ser una fuente de fortaleza para los demás y ayudarnos mutuamente a elevarnos por encima de nuestras debilidades. Ese es el propósito del satsang.
Y en el mismo libro, también leemos una respuesta a la pregunta que le hicieron a Hazur Maharaj Ji: “Cuando los satsanguis se reunen, ¿eso puede ser también satsang?”:
Eso es satsang. Satsang no es solo escuchar un discurso. También lo es la buena compañía que se reúne en ese momento para ayudarse, para darse apoyo mutuo, pues a veces tenemos que apoyarnos en otros, en momentos de debilidad para obtener fuerza. Todo lo que nos anime a practicar la meditación es satsang.
Llevar el satsang con nosotros, llevar ese ambiente, extenderlo a la vida, es estar siempre en satsang. Tenemos que hacer el esfuerzo por no dejarnos llevar por los hábitos y la rutina que muchas veces suelen estar cargados de la asociación con el mundo y sus asuntos. Deberíamos elevar la mirada, elevar el pensamiento, recordar al maestro, repetir los nombres que nos conectan con él, y traerlo de esta forma a nuestra vida. ¡Tenemos un gran margen de mejora en este aspecto!
Hazur Maharaj Ji sigue diciendo en el mismo libro:
Tenemos que vivir Sant Mat durante todo el día. Y eso solo podemos hacerlo cuando nos envolvemos en la atmósfera de Sant Mat. Sin embargo, si dejamos esa atmósfera en casa y tratamos de recogerla a la mañana siguiente, entonces somos satsanguis únicamente durante dos horas y media y no durante todo el día. Tenemos que ser satsanguis el día entero.
… Y tenemos que hacer lo mismo tanto en la India como aquí en América. No hay diferencia. Para un maestro y un discípulo, este espacio o distancia no cuenta en absoluto.
Hemos tenido oportunidades de ver al maestro y compartir con él parte de nuestro tiempo en este mundo, eso es una circunstancia afortunada, pero después, en su ausencia, podemos hacer mucho por mantenernos cerca de él. El esfuerzo por interiorizarnos es lo que trae la presencia de la divinidad a nuestras vidas todo el tiempo.
Nos hemos referido a la necesidad de que alguien esté a nuestro lado cuando aprendemos, alguien que nos enseñe, y que son muchas las personas que a lo largo de nuestra vida desempeñan el papel de profesores o guías. Igualmente, la necesidad de un maestro verdadero, su amorosa ayuda y valiosa guía son imprescindibles en el sendero espiritual. Como leemos en el libro La llamada del Gran Maestro:
Nadie encontró nunca a Dios por leer libros o visitar lugares de peregrinación, (…) Dios no está en los libros sagrados. Él está en tu interior. Los libros tan solo hablan de él. Solo un maestro vivo puede mostrarte el camino hacia él.
Busca a un verdadero maestro y aprende de él, el método para ir al interior. Cuando llegues al centro del ojo (tercer ojo) detrás de los ojos, encontrarás al maestro esperándote allí. Después ya nunca te dejará.
Así, el maestro se convierte en ese apoyo incondicional, ese verdadero amigo que desea que caminemos junto a él, viviendo esta experiencia de la vida con un propósito espiritual. Nuestro mayor deseo debe ser complacer al maestro con nuestra meditación y esfuerzo, ayudándolo en su misión de guiarnos y llevarnos hacia el Padre.