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Abril 2025
Veracidad de un maestro
Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?…
Necesidad del maestro espiritual
Reflexiones
Cuando un discípulo le preguntó a su maestro cuál era la característica de un verdadero gurú…
Adultos espirituales
Cartas espirituales
Poco importa si físicamente estoy distanciado; mi maestro nunca se halla lejos de mi corazón…
Caminos de búsqueda
La espiritualidad y la vida
Fe
Hice una búsqueda minuciosa y cuidadosa, y encontré que la preocupación por el futuro es inútil…
El plan de Dios
El maestro responde
Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas…
Espiritualidad sin limitaciones
Una elección individual
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Veracidad de un maestro
Por sus frutos los conoceréis.
¿Acaso se recogen uvas de los espinos
o higos de los abrojos?
Mateo 7:16
Un maestro espiritual verdadero habla de su propia experiencia. Como los místicos se han fundido en el estado supremo de felicidad y unión con Dios, explican lo que ellos han experimentado.
Los místicos verdaderos nunca sostienen que debamos cambiar de religión. Vienen a unir, no a dividir. El sol tiene muchos rayos, y cuando los miramos pueden parecer diferentes unos de otros, pero si miramos su origen observamos que todos ellos en esencia son una sola y la misma cosa. Podemos referirnos a Dios como Jesucristo, Alá, Krishna, energía cósmica o con cualquier otro nombre, pero lo que todos queremos en realidad es ponernos en contacto con esa misma verdad.
La espiritualidad verdadera no tiene nada que ver con los ritos y ceremonias externas de nuestras religiones; tiene que ver con el amor que debe existir en todos nosotros, independientemente de cómo lo expresemos. Dentro de nosotros no hay fronteras. Necesitamos redescubrir nuestra propia herencia divina (ese tesoro escondido en nuestro interior), y la manera de realizar esto es precisamente lo que vienen a enseñar los maestros espirituales verdaderos. Ellos se han vuelto a fundir en el origen de todas las cosas, el origen de todo cuanto existe. Para hacerlo, abandonan su cuerpo a voluntad, viajan a las regiones espirituales más elevadas y regresan a voluntad para seguir instruyendo a sus discípulos, a fin de que también ellos aprendan a realizar lo mismo.
Los maestros espirituales verdaderos no vienen a cambiar el mundo. En sus enseñanzas dejan bien claro que este mundo no está destinado a convertirse en un paraíso. Si esa hubiese sido la intención, los grandes santos y místicos del pasado ya lo habría convertido en un paraíso.
Los santos nos enseñan a recoger nuestra conciencia y fundirla en la dulce melodía del espíritu de Dios. Una vez en contacto con la música interior, la mente viaja con ella a su misma fuente, hasta que llega a su morada original. El alma, que permanecía sedienta y paralizada en el desierto de la mente, bebe del agua de la vida, y triunfante y gozosa regresa de nuevo a su origen.
Las enseñanzas de los santos son gratuitas, como todos los otros bienes de la naturaleza, como el aire, el agua o la luz del sol. Por consiguiente, el maestro espiritual verdadero nunca cobra nada ni acepta donativos por sus enseñanzas. Las imparte siempre gratuitamente. El maestro nunca es un mendigo ni una carga para nadie, y siempre se mantiene a sí mismo y mantiene a su familia ganándose el pan de cada día. En nuestro tiempo es muy difícil encontrar un verdadero maestro espiritual que únicamente esté interesado en ayudar a las personas y no en su dinero. El verdadero maestro espiritual no se opone a los que no comparten sus convicciones, ni se queja del comportamiento de los demás. No critica, ni difama, ni tampoco hace milagros, como los magos, para complacer a la gente que lo escucha. Es humilde y discreto, y mantiene ocultos sus poderes. Su principal objetivo es enseñar a sus discípulos cómo meditar en el Verbo o Shabad para conseguir la realización de Dios, y también cómo vivir su vida diaria a fin de fortalecer este trabajo espiritual.
Espiritualidad básica
Necesidad del maestro espiritual
La gente pasa años enteros en las escuelas y las universidades para estudiar una cantidad limitada de temas, pero incluso así solo ha estado ‘recogiendo piedras en la orilla del mar’. Ahora, vas a estudiar tu propio ser (alma) y su relación con la gran Verdad (Dios).
M. Sawan Singh. Joyas espirituales
Nos damos cuenta de que en la vida para aprender necesitamos siempre la ayuda de los demás. En las diferentes etapas de la vida encontramos a nuestro alrededor seres que nos acompañan y nos ayudan a crecer, madurar y formarnos, como son nuestros padres, nuestros hermanos, los profesores en la escuela y después en el trabajo que desempeñamos. De algún modo, podemos decir que el crecimiento y educación como personas no es posible sin que en nuestro entorno haya otras personas que interactúan con nosotros.
Esto es válido en nuestra experiencia en el mundo físico. Igualmente, si queremos aprender la espiritualidad necesitamos también alguien que nos ayude; el razonamiento debería ser el mismo que en el resto de los asuntos. Y ese alguien debe conocer la espiritualidad, debe tener experiencia, debe ser un maestro realizado en el Espíritu, Shabad o Verbo. Alguien que habiendo completado el viaje interior hasta la unión con el Creador, es capaz de ayudarnos a nosotros a alcanzar ese grado de espiritualidad, que no es otra cosa que la unión definitiva con el Creador. Hazur Maharaj Ji dice en Perspectivas espirituales, vol. I:
Necesitamos a un maestro que nos ayude a crear un ambiente de devoción, a fin de poder seguir ese camino e ir hacia el interior. Si en este mundo no podemos conseguir nada sin un guía o maestro, ¿cómo vamos a lograr la realización de Dios sin un maestro o guía interior?
… Él nos dice por qué hemos de conocer al Señor, dónde está, cómo encontrarle, qué es lo que nos mantiene alejados de él y la manera de eliminar estas barreras.
Sabemos mucho acerca del mundo físico, hemos avanzado notablemente en ciencia y tecnología, pero seguimos ignorando las respuestas a las grandes preguntas de la existencia: ¿Qué somos? ¿Cuál es nuestra función aquí como seres humanos? ¿Qué es esta vida humana? ¿Existíamos antes de nacer? ¿Seguiremos existiendo después de la muerte? ¿Existe realmente Dios? Tenemos opiniones, pero no sabemos nada al respecto porque no tenemos experiencia personal alguna. En el libro Misticismo se afirma:
Preguntas como estas nos miran fijamente a la cara; no podemos pasarlas por alto. Debemos responderlas si queremos llevar una vida despierta y consciente, si deseamos nuestro verdadero bienestar y el de los demás.
¿Hemos encontrado a alguien que nos dé certeza, seguridad, y respuestas claras y prácticas que puedan ofrecer alivio a las necesidades e inquietudes que tenemos? En el libro Sant Charandas leemos:
Un maestro realizado no proporciona meras medidas provisionales, sino que explica los problemas que nos han afligido durante toda la eternidad y nos ofrece una solución permanente. Él mismo ha alcanzado un estado elevado y, por tanto, es capaz de mostrar a los auténticos buscadores el camino para alcanzarlo. Solo un maestro así puede dar apoyo a quienes se sienten aplastados entre las ruedas giratorias de la existencia material.
Cuando asistimos al satsang de un maestro espiritual, percibimos que sus enseñanzas no son superficiales. Él tiene algo que irradia y expresa verdad. El Gran Maestro nos dice en el libro Filosofía de los maestros (abrev.):
Él es la verdad personificada o la realidad en forma humana. Él procede de la verdad y la refleja…
Una verdad que los discípulos captamos. Porque su verdad viene de haber experimentado la existencia desde la dimensión espiritual, llevándola al máximo grado, hasta la unión con el origen, con el Padre. Eso le capacita para ofrecernos luz; sus palabras nos iluminan y nos convencemos de que nosotros también podemos tener sus certezas, su realización, para vivir esta vida de forma plena y solucionar el enigma de la existencia.
Todos, especialmente en la juventud, hemos tenido modelos, ideales a seguir: personajes que nos impactaron y a quienes hemos deseado parecernos. De manera similar, el maestro espiritual se convierte en ese ser humano que aspiramos a emular; es nuestro ideal porque nos transmite verdad, seguridad y certeza y, especialmente, porque en él encontramos todas aquellas cualidades de un auténtico ser humano. A su alrededor se genera un ambiente de amor y paz que nos permite alejarnos de las preocupaciones y angustias del mundo. Su amor lo cubre todo, y nos otorga una paz y descanso que una vez las sentimos y conocemos no encontramos en ningún otro ser. Este amor del maestro, junto con su verdad, lo envuelve todo, y nos damos cuenta de que no hay nadie como él. En Filosofía de los maestros (abrev.) el Gran Maestro continúa diciendo:
Da fuerza al discípulo, lo cual lo capacita para considerar insignificantes los sufrimientos del mundo. La compañía y amistad de las personas del mundo son transitorias y desapa-recen. Algunas nos dejan cuando afrontamos dificultades mientras que otras lo hacen al final. Pero el maestro es el verdadero protector y el que socorre al discípulo. Está siempre con él en los momentos de dificultad o necesidad. No lo deja solo en el momento de la muerte ni después.
Sin embargo, esto no significa que nuestro destino o karma desaparezca al conocer al maestro y recibir la iniciación en el sendero espiritual. Tendremos que pasar el karma igualmente, no es que por tener maestro no tengamos que liquidarlo y sufrirlo, pero hay una gran diferencia al pasarlo amparados en él y recibiendo su amor. Es como cuando un niño se cae, se hace daño y soporta el dolor de la herida solo, alejado de su hogar. Es muy diferente pasar por esa circunstancia dolorosa solo, que acompañado del amor y protección de su madre: con ese amparo todo es más soportable. Igualmente nosotros con la protección del maestro no nos descorazonamos al afrontar los karmas difíciles, y acaba habiendo comprensión y aceptación por nuestra parte.
¡Hace tanto por nosotros el maestro! Es cierto que externamente podemos tener la percepción de ese cuidado, sin embargo, eso es solo la punta del iceberg, porque la ayuda de fondo no la vemos; él está literalmente preparándonos para llevarnos con el Señor. ¿Qué hacen los maestros por nosotros? En el libro Muere para vivir leemos:
… Ellos son tan compasivos y bondadosos que en ocasiones nos ayudan a sobrellevar ciertas situaciones (…) Nosotros somos esclavos de los sentidos, esclavos del karma, del mundo; estamos atados aquí, y ellos nos desapegan de este mundo y nos llevan de regreso al Señor. Este es el prodigio más grande.
Las personas con las que pasamos tiempo pueden mejorar o empeorar nuestro carácter. Se dice que podemos conocer a alguien por las personas con las que se relaciona. La sociedad es muy importante porque moldea nuestra vida y nuestros hábitos. Si estar con personas comunes y corrientes, que no tienen cualidades especiales puede influir en nosotros, imaginemos cuánto más nos afectará estar cerca de personas sabias y espirituales, cuya vida es profunda y trascendental. El Gran Maestro dice en Filosofía de los maestros (abrev.):
Lo mismo que el perfume de las flores derrama su dulce fragancia sobre cualquier cosa que esté cerca de ellas, (…) la compañía de los virtuosos y nobles nos eleva también a nosotros.
A través del satsang, los santos generan en nosotros el deseo de encontrar a Dios, crean amor por él en nuestro corazón, y también nos enseñan el sendero y el método de conocerlo. El único propósito del satsang es crear en nosotros amor por el Señor, y hacernos comprender que la forma verdadera del maestro es la Palabra o el Nombre.
En el libro Jalal al-Din Rumi. Masnavi leemos:
Un momento en la compañía de los místicos
es mejor que cien años de oración sincera.
No debemos interpretar esto como una negación de la importancia de la oración o la meditación; se refiere en cambio a la oración realizada bajo la guía espiritual de un maestro vivo, lo que nos permite avanzar de manera firme y segura en el camino espiritual. Los maestros subrayan la importancia de seguir sus instrucciones porque la mente nos conduce siempre a las trampas del mundo, aunque creamos que no. Es bajo la dirección de un maestro vivo, que podemos aprender a superar las dificultades y trampas del sendero interior. Es así como la oración sincera puede dar sus frutos.
Podemos entender muy bien, con un ejemplo, cómo la compañía o asociación con los místicos, sus satsangs, ayudan a desarrollar la espiritualidad. ¿Por qué llevamos a los niños a la escuela? ¿Por qué no simplemente les damos libros y les pedimos que estudien en casa? Porque la escuela crea un ambiente propicio y adecuado para aprender, algo que sería difícil de lograr sin ese apoyo. De la misma forma, la meditación es el trabajo interior que hacemos en la tranquilidad de nuestro hogar. Pero necesitamos ayuda y apoyo. Encontramos inspiración para nuestro trabajo interior en esta ‘escuela’ de aprendizaje que es el satsang.
Podríamos pensar que la meditación, por sí sola, sería lo suficientemente poderosa para dirigir nuestra atención hacia dentro. Y lo es. Pero justo cuando empezamos a inmovilizar a la mente, a entregarnos al maestro interior, nuestro ego comienza a resistirse. Ahí es cuando necesitamos el constante recordatorio del satsang. En Perspectivas espirituales, vol. III, leemos:
Toda la meditación que hagamos, tenemos que protegerla para que el ego no entre en nosotros (…) En el satsang somos capaces de generar humildad y mansedumbre en nosotros, y podemos ser una fuente de fortaleza para los demás y ayudarnos mutuamente a elevarnos por encima de nuestras debilidades. Ese es el propósito del satsang.
Y en el mismo libro, también leemos una respuesta a la pregunta que le hicieron a Hazur Maharaj Ji: “Cuando los satsanguis se reunen, ¿eso puede ser también satsang?”:
Eso es satsang. Satsang no es solo escuchar un discurso. También lo es la buena compañía que se reúne en ese momento para ayudarse, para darse apoyo mutuo, pues a veces tenemos que apoyarnos en otros, en momentos de debilidad para obtener fuerza. Todo lo que nos anime a practicar la meditación es satsang.
Llevar el satsang con nosotros, llevar ese ambiente, extenderlo a la vida, es estar siempre en satsang. Tenemos que hacer el esfuerzo por no dejarnos llevar por los hábitos y la rutina que muchas veces suelen estar cargados de la asociación con el mundo y sus asuntos. Deberíamos elevar la mirada, elevar el pensamiento, recordar al maestro, repetir los nombres que nos conectan con él, y traerlo de esta forma a nuestra vida. ¡Tenemos un gran margen de mejora en este aspecto!
Hazur Maharaj Ji sigue diciendo en el mismo libro:
Tenemos que vivir Sant Mat durante todo el día. Y eso solo podemos hacerlo cuando nos envolvemos en la atmósfera de Sant Mat. Sin embargo, si dejamos esa atmósfera en casa y tratamos de recogerla a la mañana siguiente, entonces somos satsanguis únicamente durante dos horas y media y no durante todo el día. Tenemos que ser satsanguis el día entero.
… Y tenemos que hacer lo mismo tanto en la India como aquí en América. No hay diferencia. Para un maestro y un discípulo, este espacio o distancia no cuenta en absoluto.
Hemos tenido oportunidades de ver al maestro y compartir con él parte de nuestro tiempo en este mundo, eso es una circunstancia afortunada, pero después, en su ausencia, podemos hacer mucho por mantenernos cerca de él. El esfuerzo por interiorizarnos es lo que trae la presencia de la divinidad a nuestras vidas todo el tiempo.
Nos hemos referido a la necesidad de que alguien esté a nuestro lado cuando aprendemos, alguien que nos enseñe, y que son muchas las personas que a lo largo de nuestra vida desempeñan el papel de profesores o guías. Igualmente, la necesidad de un maestro verdadero, su amorosa ayuda y valiosa guía son imprescindibles en el sendero espiritual. Como leemos en el libro La llamada del Gran Maestro:
Nadie encontró nunca a Dios por leer libros o visitar lugares de peregrinación, (…) Dios no está en los libros sagrados. Él está en tu interior. Los libros tan solo hablan de él. Solo un maestro vivo puede mostrarte el camino hacia él.
Busca a un verdadero maestro y aprende de él, el método para ir al interior. Cuando llegues al centro del ojo (tercer ojo) detrás de los ojos, encontrarás al maestro esperándote allí. Después ya nunca te dejará.
Así, el maestro se convierte en ese apoyo incondicional, ese verdadero amigo que desea que caminemos junto a él, viviendo esta experiencia de la vida con un propósito espiritual. Nuestro mayor deseo debe ser complacer al maestro con nuestra meditación y esfuerzo, ayudándolo en su misión de guiarnos y llevarnos hacia el Padre.
Reflexiones
Cuando un discípulo le preguntó a su maestro cuál era la característica de un verdadero gurú, él respondió, “No es su forma, no es su apariencia, no es lo que dice; es el ambiente que genera, es lo que su presencia nos transmite y su energía nos hace sentir”.
Conceptos e ilusiones
Intentemos encontrar a alguien que realmente nos pertenezca, y a quien verdaderamente podamos pertenecer para siempre.
M. Charan Singh. Legacy of love
Escuché de mi murshid algo que nunca olvidaré: “La amistad, la relación que se produce por la iniciación entre dos personas, es algo que no se puede romper; es algo que no se puede separar; es algo que no se puede comparar con nada más en el mundo; pertenece a la eternidad”.
The Spiritual Guide, vol. II
Adultos espirituales
Me parece bien que desees visitar la India, pero lo que pretendo es que no tengas necesidad de tus manos, tus pies y tu cuerpo físico, sino que camines sin pies, hables sin lengua, escuches sin oídos y veas sin ojos, y cuando estés interiorizado en casa, no solamente visites la India, sino todo brahmand. Si vieras la India con el cuerpo físico, ¿de qué serviría si no puedes ir más allá de este mundo?
Si respondes que quieres venir a la India para ver a tu gurú, hay que decir que el cuerpo físico no es la forma verdadera del gurú. Es un simple traje que viste en este mundo que abandonará aquí. La verdadera forma del gurú es el santo sonido; con esa forma el gurú está presente en cada cabello de tu cuerpo, y sentado dentro de ti. Cuando te eleves por encima de los ojos, el gurú se reunirá contigo con su forma radiante, y cuando llegues a trikuti te acompañará con su forma de sonido hasta sach khand.
M. Sawan Singh. Joyas espirituales
La madurez espiritual se refleja en nuestra relación con el maestro. Muchos de nosotros hemos reducido el amor a su expresión física y, en consecuencia, creemos que necesitamos estar físicamente cerca del maestro para poder experimentar el amor divino. Hasta podemos llegar a creer que debemos obtener instrucciones del maestro concernientes a todos los aspectos de nuestra vida. Esta es una manera equivocada de entender el papel del maestro. Su papel no es el de resolver los problemas de nuestras vidas. Ese es nuestro papel. Eso nos toca a nosotros. El objetivo de Sant Mat es el de obtener la realización de Dios para liberar al alma de su enredo con la mente. La función del maestro es la de ayudar y guiar para alcanzar esa meta.
Baba Ji dice que su papel es el de inspirarnos a meditar, y frecuentemente nos guía a que comencemos nuestro viaje siendo naturales con nosotros mismos. Si él nos dice que seamos naturales es porque nuestras relaciones con él, con las enseñanzas y con la vida en general se han vuelto mecánicas, superficiales y artificiales, totalmente centradas en el mundo físico.
… La meditación nos da los medios para desarrollar una relación viva con el maestro, con las enseñanzas y con la vida. Una relación que crecerá y florecerá desde la experiencia, que madurará con nosotros y con nuestra práctica y que es integral, natural y cada vez más profunda. El maestro quiere que profundicemos todo lo que podamos en la naturaleza de nuestro sendero. Quiere que crezcamos hasta que lleguemos a ser adultos espirituales.
… Pretender que podemos establecer una verdadera y eterna relación con el maestro con nuestras visitas a Dera o viéndolo exteriormente en cualquier otra parte del mundo es engañarnos a nosotros mismos, pues la verdadera relación se da en otro plano totalmente diferente. Una relación creada en el plano físico sin la ayuda de la meditación es una relación muy superficial. La manera de establecer la verdadera relación es poniéndonos en contacto con el maestro espiritual, y esto únicamente puede hacerse mediante la práctica de la meditación, la cual puede llevarse a cabo en cualquier parte del mundo.
Es importante que tengamos claro que cualquier progreso espiritual que se pueda obtener en Dera, también se puede obtener en cualquier otra parte del mundo. Dondequiera que estemos, el campo de batalla está en nuestro interior, y es ahí donde debe librarse la lucha. Nuestro problema está en que es un millón de veces más fácil que viajemos miles de kilómetros para ver la forma física del maestro, que subamos nuestra atención un milímetro.
Es la falta de valor y energía espiritual lo que nos hace seguir corriendo tras la forma externa.
La forma física del maestro es nuestro punto de partida para comprender la espiritualidad. También es nuestra protección en la batalla frente a los engaños y tretas de la mente. Pero la auténtica intimidad con el maestro verdadero y el progreso espiritual real únicamente podrán obtenerse dentro de nosotros, a través de la meditación. De hecho, no hay ninguna otra manera, y todos los maestros verdaderos dicen lo mismo.
Meditación viva
Cartas espirituales
Poco importa si físicamente estoy distanciado;
mi maestro nunca se halla lejos de mi corazón.
Puede haberse ido a vivir a miles de millas de distancia;
siempre lo encuentro presente en mi corazón.
Sultán bahu
Si trabajas con perseverancia en el sendero, no necesitarás venir a la India. La forma radiante del maestro aparecerá ante ti en tu interior, te hablará y responderá a todas tus preguntas.
Es cierto que el contacto personal es beneficioso, pero el maestro está en cada uno de sus discípulos, y los que se encuentran a gran distancia deben tratar de trabajar con firmeza en el sendero, sin tener que dejar su país. Su elevación depende de la intensidad de su amor y del tiempo que dediquen al trabajo. El maestro está cerca de ti, dentro de ti, y en realidad no está lejos.
Joyas espirituales. Extracto de la carta 30
En cuanto al bhajan y el simran, que es la tarea más importante, se puede hacer en cualquier lugar. No depende de las condiciones geográficas, sino que es principalmente una disciplina de la mente. El Shabad está dentro de ti, igual que el maestro, y eres tú quien tiene que contactar con ellos, no importa si estás en América o en la India.
Luz sobre Sant Mat. Extracto de la carta 201
Es del todo correcta la experiencia de sentir que te inundan brillantes rayos de luz en el foco del ojo, y el entumecimiento ascendente de los miembros del cuerpo no deja ninguna duda del progreso de la retirada. Sí; es genuina la sensación de tener al maestro junto a ti. Cuando hagas más progresos podrás ver al maestro delante de ti, y con el tiempo serás capaz de hablarle. Todo lo que merece realmente la pena en este mundo es la realización de la forma del maestro interior y establecer perfecto contacto con la corriente del sonido, que es lo que al final te llevará a la meta.
Luz sobre Sant Mat. Extracto de la carta 200
Me alegra saber que sientes un gran amor por Sant Mat, y que trabajas en el sendero. Aunque estés alejado de mi cuerpo físico, no lo estás de mi mente. El satgurú, en su forma de sonido, está cuidando debidamente de ti, y se encuentra en tu interior. Cuando con la concentración hayas cerrado los nueve portales del cuerpo y cruzado el sistema solar, el maestro en su forma radiante se te manifestará. Te hablará de la misma manera que hablas con la gente de este mundo, responderá a todas tus preguntas, y se quedará contigo toda la vida.
No debes sentirte infeliz por tu soledad. Nacemos solos, y dejamos este mundo solos. Nadie nos acompaña. Incluso este cuerpo tiene que dejarse atrás. Son el maestro y la corriente del sonido los que nos acompañan a la hora de la muerte, y después.
Joyas espirituales. Extracto de la carta 76
Caminos de búsqueda
Apenas llevaba dos pasos en la senda del amor, cuando fui completamente despojado de la distinción entre creencia e incredulidad.
Bu Ali Qalandar. Citado en el libro En busca del camino
En el pasado, mi falta de salud motivó indirectamente que me rodeara de valiosas amistades y también de cierta felicidad en la vida. Esta circunstancia me trajo la mayor de las experiencias que cualquiera pueda tener: el encuentro con un santo verdadero.
Como medida terapéutica y en un intento de eliminar las consecuencias de una larga enfermedad, en junio de 1940 solicité un puesto en la secretaría del personal civil en periodo de guerra en el Cuartel General del Ejército de la India, en Shimla. Me destinaron al servicio del coronel Sanders cuya secretaria, amiga mía, estaba a punto de ser ascendida. Ella fue quien despertó mi interés, al decirme que el coronel estudiaba un método de yoga místico. (…) Él habló de la Colonia Baba Jaimal Singh, en Dera, dirigida por un maestro sabio y bondadoso que no le pedía a nadie que cambiara su religión o su forma de vivir, excepto abstenerse de comer cualquier tipo de vida animal.
Este maestro, comentó, imparte unas enseñanzas que cada cual aplica a su forma de vivir, y cuya parte principal consiste en practicar meditación diariamente. Todo esto me resultaba muy atractivo, ya que desde mi invalidez había pasado sola largos periodos de mi vida y mis pensamientos se habían vuelto introspectivos, aunque agradables compañeros. Pero él dijo que eso no era suficiente; que era necesario realizar cierto esfuerzo para controlar y recoger esos pensamientos en un determinado punto, un centro situado detrás y entre los ojos físicos, conocido por los místicos como ‘el tercer ojo’ o tisra til. Este punto no tiene localización física y permite ‘ver’ las cosas mucho mejor que con los ojos con que fui bendecida al nacer. Es un ojo que contempla interiormente un mundo nuevo y fascinante, cuya visión es imposible de alcanzar por los ojos físicos.
… Sus palabras dieron en el blanco, pues mi cuerpo me había fallado con demasiada frecuencia en el pasado como para poner mucha fe en sus capacidades. Así que iba a comprometerme en un viaje sin dimensiones de tiempo o espacio, en el que vería no con la vista sino con la percepción interna dentro de los límites de mi propia mente, y para esto tenía que apartarme diariamente del mundo físico durante un tiempo fijo de dos horas y media.
El coronel dijo que conforme avanzamos en la práctica de la meditación conectamos con el sonido verdadero, el cual es de una naturaleza tan arrebatadora y fascinante que para los que lo escuchan resulta difícil retornar al plano físico. Destacó también la necesidad de esforzarse por la rectitud moral en todas las cosas, pues debemos “limpiar el recipiente antes de llenarlo”.
Mis padres se quedaron consternados cuando les hablé por primera vez de Sant Mat; creyeron que perdería mis fuerzas si seguía una dieta con poca o ninguna proteína animal. Yo no quise enfrentarme a ellos, pues presentí que, con paciencia y moderación, acabarían persuadidos de la sinceridad de mis convicciones y comprenderían que ningún daño podría sobrevenirme.
Mientras tanto, el coronel había dispuesto que yo pasara una parte de las vacaciones de Navidad en Beas… Sin embargo, antes de esto, estaba destinada a encontrarme por primera vez con mi queridísimo maestro, cuando visitó la casa del coronel en Nueva Deli, ciudad a la que se había trasladado nuestra oficina y también mi familia en el invierno. No tengo palabras para describir mi entusiasmo en aquella querida y soleada tarde de octubre en mi oficina. El coronel se había adelantado para recibir a su huésped, y más tarde telefoneó para decirme que el maestro deseaba que yo fuera a verle. Montada sobre mi bicicleta de camino a la casa, sentía como si estuviera flotando en el aire mientras bajaba la cuesta de la secretaría. Así es, pensé, cómo se siente el jubiloso éxtasis de volver a encontrarse con el maestro del que tu alma ha estado separada, quizá, por nada menos que ocho millones cuatrocientas mil categorías distintas de vida. Al fin llegué, y allí estaba él, impecablemente vestido, de figura majestuosa y erguida; con una larga barba blanca como la nieve, el turbante alto y un aspecto de serena dignidad, ante mis ojos y extendiéndome la mano con un profundo “¡Hola!”, como saludo.
A mi vehemente solicitud de iniciación, el maestro replicó que solo podía concederse a los que eran totalmente vegetarianos… Maharaj Ji me recomendó, también, estudiar cuidadosamente los libros existentes en inglés (que en aquel tiempo solo eran escritos del Dr. Johnson, el libro Misticismo; El sendero espiritual del Profesor L. R. Puri y el Sar bachan de Soami Ji), y buscar respuestas satisfactorias a todas las cuestiones importantes que se plantearan en mi mente…
Antes de que yo me fuera de Beas, la Sra. Johnson concertó una entrevista con Maharaj Ji en la que desarrolló un sólido alegato, haciendo ver que yo estaba perfectamente preparada para la iniciación en todos los aspectos, excepto en el punto de la dieta. De manera muy delicada importunó al maestro, pidiéndole que al menos me diera uno de los cinco nombres otorgados en la iniciación. Le divirtió mucho su ingenua petición. Con el cariño hacia ella brillando en sus ojos (él la había agraciado con el epíteto gur piari, es decir: “Amada del maestro”), dijo risueñamente: “Si le doy uno, por la misma razón podría concederle los cinco”. A lo que ella repuso con viveza: “¡Pues dale los cinco!”. “¡Pero si aún come carne!”, replicó él. “¡No importa, ella no tiene la culpa! ¡Ella no quiere comerla!”, abogó, mientras yo estaba al lado, implorando con la mirada por todo lo que yo más apreciaba. “Muy bien, ya lo veremos más tarde, cuando pase por Deli”, dijo él, ablandándose un poco. Y así sucedió.
… Y en marzo, el maestro visitó nuevamente el bungalow del coronel Sanders en Deli, donde me pidió que acudiera para darme los cinco nombres.
Durante el permiso de octubre, viajé a Beas con el coronel para recibir la segunda parte de mi iniciación, a la que ya no se oponía ningún obstáculo. Esta mitad fue la más importante de la instrucción: la verdadera iniciación, en la que el maestro conecta realmente al alma con la corriente del sonido.
Con frecuencia me maravillo de la facilidad con la que él me atrajo a su redil, a mí, la primera mujer inglesa, joven y reservada, que había buscado la iniciación directamente de él. Me encajó de la manera más natural en su plan: patrocinada (para alivio de mis progenitores) por un oficial del mismo servicio al que pertenecía mi padre, acogida por una bondadosa mujer americana que me trató con el mayor cariño desde el primer momento que nos encontramos, y amadrinada por una señora india encantadora y culta que me dio apoyo durante mi iniciación final.
¡Cuánto amor me has mostrado, mi querido maestro, incluso en los detalles más pequeños de mi encuentro contigo!
En enero de 1946 visité Dera por última vez en muchos años. El maestro me recibió con mucho afecto y cariño. Estuvo muy solícito, se interesó por mi futuro y acerca de mis posibilidades de alojamiento en Inglaterra, lo que debido a la guerra y sus consecuencias constituía entonces un problema muy grave. También expresó la esperanza de que los satsanguis de Inglaterra me recibieran con amor y amabilidad cuando yo regresara, del mismo modo que lo haría un padre cariñoso que sintiera preocupación por el bienestar de su hija.
En abril de 1946, antes de embarcar, volví a verle una vez más en Deli para despedirme. Arrodillándome ante él, le pedí su bendición, y él me dirigió una mirada tan significativa que me hizo comprender cuán plenamente percibía la tormenta de mi corazón. Yo tenía conciencia de que abandonaba hogar y país para dirigirme hacia un futuro incierto con una salud delicada y, lo que era peor aún, para nunca volver a ver su forma física ni oír su cariñosa voz aconsejarme e instruirme.
Él colocó suavemente su mano en mi hombro por un instante. ¡Querido amado, todas las campanas del cielo repicaron para mí en aquel momento!
Extractos del libro En busca del camino
La espiritualidad y la vida
Yo soy el camino, la verdad y la vida. Sin el camino no podemos caminar; sin la verdad no tenemos conocimiento, sin la vida no podemos vivir. Yo soy el camino que debes seguir; la verdad en la que debes creer; la vida a la que debes aspirar.
Tomás de Kempis. Imitación de Cristo
A lo largo de la historia, los maestros espirituales han venido a recordarnos un camino espiritual universal y eterno, diseñado por el Creador. Este camino no fue creado por los seres humanos, sino que es inherente a nuestra naturaleza desde el origen de la humanidad.
¿Cómo es este camino y qué tiene de particular?
La particularidad de este camino radica en que dentro de nosotros, en el centro del ojo o tisra til -el punto detrás de los ojos-, podemos conectar con la ‘melodía divina’ o ‘la voz de Dios’. El poder espiritual que se encuentra oculto en el cuerpo humano, solo puede activarse con la guía de un maestro experto, cuando con la meditación concentramos la atención en este punto, y la retiramos del mundo externo hacia este centro. Explicándolo de otro modo, el centro del ojo es la puerta a la que debemos llamar repetidamente con nuestra atención a través de la repetición de los cinco nombres que se nos dan en la iniciación espiritual. Cuando logramos concentrar plenamente la atención en dicho punto, cruzamos la puerta e iniciamos el viaje hacia nuestro hogar divino. En el libro El sendero leemos:
La voz de Dios, la Palabra, el Nombre, la música de las esferas está oculta en el cuerpo humano y reverbera en el foco del tercer ojo. Es hasta este punto que, con ayuda de un maestro experto, la consciencia del cuerpo tiene que retirarse, mantenerse y situarse en la órbita de ese poder inmanente que resuena incesantemente.
Ese viaje interior que empieza con el esfuerzo del discípulo por retirar la atención, va transformando gradualmente su percepción del mundo, permitiéndole valorar lo que es realmente importante en la vida. Aunque los discípulos deben seguir cumpliendo con las responsabilidades que tienen que afrontar en su destino individual, desarrollan desapego hacia las preocupaciones y asuntos del mundo, manteniendo constantemente la atención dirigida hacia su meta espiritual. Esta actitud les permite afrontar el destino con más ecuanimidad. Por ejemplo, las cosas que antes les preocupaban y que, cuando no salían como ellos querían, llegaban a malhumorarlos y desequilibrarlos, ahora las pasan por alto ya que en realidad han dejado de ser importantes. Es el grado de desapego lo que hace que el punto de vista cambie.
En el libro Luz divina leemos:
Las mismas cosas por cuya posesión estábamos en otro tiempo dispuestos a sacrificar la propia vida, pensando que no podríamos vivir sin ellas, pueden perder todo su valor, y ya no querremos ni siquiera verlas.
Cuando la práctica de este camino espiritual se vuelve una prioridad para el discípulo y consagra su máxima dedicación a vivir las enseñanzas, empieza a tener un escudo ante el dolor y el sufrimiento. Obtiene la capacidad de recuperarse con más facilidad de los golpes de la vida, porque tiene un horizonte elevado que le ayuda a sobreponerse y minimizar los problemas. De esta manera, su vida no cae en la desorientación y el desánimo, aunque la mente intente atormentarle como lo hace habitualmente. Siempre obtiene la fuerza interior suficiente para superar los obstáculos, y seguir adelante en el sendero espiritual con determinación.
Asimismo, el crecimiento y desarrollo interior que adquirimos con la práctica constante de la meditación y el vivir las enseñanzas tiene una repercusión en cada acto de la vida, en la vida misma. Hazur Maharaj Ji dice en el libro Muere para vivir:
El efecto de la paz y dicha de la meditación nos permite adaptarnos a las vicisitudes de la vida, conservando la ecuanimidad y el equilibrio.
… La atmósfera de dicha que creamos con la meditación nos acompañará todo el día para ayudarnos a afrontar los altibajos de la vida sin perder el equilibrio.
Al mismo tiempo, el ego, que siempre está presente en nuestras acciones, se va diluyendo poco a poco. Dejamos de considerar que nosotros y todo lo que hacemos y pensamos es importante, y lo que verdaderamente nos mueve es el deseo profundo de que nuestro maestro esté satisfecho con nuestro comportamiento como discípulos. Este cambio de actitud es muy significativo en nuestra transformación interna, ya que difícilmente el ego se sometería por completo si no fuera por la relación especial que se da entre maestro y discípulo. Sin embargo, la relación con el maestro se fortalece solo con la práctica consciente y constante de la meditación, integrada plenamente en nuestra vida. Solo así esta conexión se vuelve cada vez más verdadera y profunda, pues sin meditación, el ego no desaparece ni la devoción crece.
Esa relación tiene una dimensión de devoción que va más allá de la simple admiración o respeto hacia el maestro. En ella, los sentimientos adquieren una profundidad tal que se convierten en los indicadores más fiables de nuestra convicción para seguir el camino. La devoción que sentimos por el maestro nos orienta a actuar de forma correcta, realizando aquellas acciones que nos mantienen conectados a él.
Aunque al principio, como explica el Gran Maestro en el libro Joyas espirituales, podemos considerar al maestro como “un hermano mayor, o como a un amigo”, con el tiempo, y a medida que avanzamos en la práctica, llega a convertirse en el centro de nuestra vida. Sin ese vínculo de amor, que nos ata firmemente a él, nos sentimos vacíos y carentes de impulso, pues él se convierte en una fuente de inspiración constante.
Es solo cuando tenemos la vivencia de estar delante de alguien que es verdaderamente ejemplar, bondadoso y lleno de amor hacia nosotros, que nuestro ego comienza a ceder, dando pequeños pasos hacia su rendición. Esta rendición no es una derrota, sino la conquista del amor: la respuesta que como discípulos, tenemos al amor incondicional que el maestro profesa por cada uno de sus discípulos. Por eso queremos complacer al maestro, porque en ese amor y respeto hacia él encontramos el verdadero sentido de nuestro crecimiento. Entonces, perder nuestra identidad y fundirnos con el ser amado es lo que se vuelve verdaderamente importante. Tal es la esencia de la enseñanza del maestro, y a medida que avanzamos en el camino, nuestra vida se convierte en una práctica constante de entrega, amor y conexión con nuestra verdadera esencia espiritual, siempre guiados por la sabiduría del maestro.
Y puesto que vivir la espiritualidad no es algo aislado ni de momentos concretos de la vida, sino que se complementa con cada una de las cosas que hacemos, los maestros –conociendo nuestra propensión a entretenernos y perdernos en el mundo–, nos brindan diferentes herramientas que se convierten en verdaderas ayudas para la vida diaria, como lo es el servicio desinteresado o seva.
En este contexto, el seva, o servicio desinteresado, es una práctica muy poderosa para hacernos comprender la influencia del ego en nuestra vida. El seva nos ofrece la oportunidad de ver, de manera directa, cuán profundamente estamos condicionados por los dictados del ego. En el seva, en lugar de actuar desde nuestros propios deseos y egos individuales, se nos invita a entregarnos por completo al servicio de los demás, sin esperar nada a cambio. Y es justo al realizar seva junto a los demás, cuando podemos vernos a nosotros mismos. En el libro Seva leemos:
Aprendemos no solo del maestro, sino también unos de otros. Cuando comenzamos el seva, a menudo tenemos que desaprender todo lo que hemos aprendido en nuestros roles mundanos, porque el seva tiene un propósito diferente. Aquí no estamos tratando de aprender habilidades, sino de cómo servirnos unos a otros con amor.
A lo largo de los años, nos encontramos con muchos sevadares cuya actitud hacia el seva nos inspira: los que están dispuestos a asumir una responsabilidad que nadie más quiere; los que son invisibles, los que calladamente hacen su seva en lugar de esforzarse para impresionar; los que son infaliblemente amables con los demás, incluso cuando están estresados; los que toman la más mínima sugerencia del maestro como una orden a obedecer. Hay mucho que podemos aprender unos de otros.
Del mismo modo en nuestro trato con los demás, el maestro nos insta a mantener la armonía, lo cual es mucho más importante, por ejemplo, que discutir por imponer nuestra opinión en un asunto determinado. En el libro Joyas espirituales leemos:
Recuerda que la opinión de una persona no tiene ninguna importancia, sea la que sea, cuando va contra los principios del amor y la armonía. No importa que a cualquiera de vosotros os guste que se haga algo o no; mantened una dulce armonía y amor, y permitid que gobierne la mayoría.
Los maestros no cesan de alentarnos a nuestra mejora como seres humanos para que así podamos alcanzar la consciencia y experiencia de la espiritualidad. Por ello, nos aconsejan cultivar buenas cualidades en nuestro trato con las demás personas, realizar servicio desinteresado. Todo esto, junto con el satsang, la forma de vida basada en los tres compromisos y la práctica de la meditación hacen que encontremos el verdadero sentido de llevar una vida espiritual.
El amor se reflejará sin duda en todas tus acciones. Toda tu vida cotidiana reflejará lo mucho que amas al maestro. Pero el amor no es para proclamarlo o gritarlo a las multitudes. El amor verdadero nunca se exterioriza. Aflora y crece solo en silencio. Es únicamente algo entre tú y él.
M. Charan Singh. Muere para vivir
Fe
Hice una búsqueda minuciosa y cuidadosa,
y encontré que la preocupación por el futuro es inútil.
Mi ansiedad, Kabir, no puede cambiar nada.
El Señor cuida de mí,
por lo que estoy libre de preocupaciones.Un sadhu no guarda nada para el mañana;
está satisfecho con lo que necesita para el día.
El Señor está siempre presente, siempre dispuesto a dar.
Preocuparse por el mañana, amigo, demuestra falta de fe.Él alimenta a las bestias del bosque, a las aves del aire
y a los insectos insignificantes que no poseen nada.
¿No proveerá, entonces, el Señor todopoderoso para ti?
No te preocupes, amigo, libérate de toda ansiedad.Lo que el Señor tenía que escribir ya lo escribió,
nada puede añadirse ni alterarse en tu destino.
Ni un solo gramo de tu porción se reducirá,
ni una partícula aumentará, aunque te destruyas
luchando contra tu destino.Cuando el día amanece y la creación despierta,
él da a todos según su necesidad.
Ruégale, dame solo lo suficiente
para satisfacer las necesidades de mi familia,
para que ni yo ni el devoto que viene a mi puerta
pasemos hambre y nos falte comida.
Kabir: The Great Mystic
El plan de Dios
Haz lo mejor que puedas y deja el resto. Deja el resto para que el Señor lo resuelva según su voluntad. La acción correcta y la entrega son las dos caras de una misma moneda.
Una llamada al despertar
En la vida, siempre deseamos que las cosas sucedan a nuestra manera. Queremos tener un plan de acción para todo, hasta el punto en que nuestra voluntad se vuelve predominante en lo que hacemos.
En el libro Legacy of Love, Hazur Maharaj Ji expresa:
El mejor plan que puedes hacer es vivir en su voluntad, aceptar sus mandamientos y ser receptivo a su gracia.
Estas palabras tan sencillas encierran la clave para que nuestras cargas desaparezcan y nuestro plan de acción cambie por completo. En realidad, con una instrucción tan simple como “aceptar el mandato del Señor”, el maestro nos lo está poniendo muy fácil, pues está haciendo que nos alejemos de nuestra voluntad y abracemos la suya.
Hay dos aspectos que el maestro señala en la cita anterior: aceptar su voluntad y ser receptivos a su gracia.
Aceptar la voluntad de Dios es un principio que todas las religiones han adoptado como parte de sus enseñanzas. Todas las fes y prácticas hablan de su voluntad y es fundamental en todas las enseñanzas espirituales. Los santos y místicos han empleado diversos términos para referirse a ella: bhana, hukum, su mandato, entre otros. Cada uno de estos términos conlleva matices de significado, como la intención del Señor, lo que le complace o su decreto.
Si lo expresamos de manera sencilla y clara, su voluntad es el plan de Dios para nosotros, lo que, según Hazur Maharaj Ji, es nuestro mejor plan. En términos prácticos, como él mismo nos enseña, se trata de vivir de acuerdo con el plan que Dios tiene para nosotros, en lugar de intentar planearlo todo por nuestra cuenta.
¿Y cuál es el plan de Dios para nosotros? ¿Qué es lo que él quiere? Quiere que volvamos a él. Esta es la voluntad divina.
Podemos cuestionarnos y quizás ni siquiera comprender completamente con nuestras mentes limitadas qué es su voluntad divina, pero en términos generales, sabemos que en esta creación existen ciertos principios o leyes que rigen su funcionamiento. Estas leyes han sido establecidas por el Señor y, por lo tanto, su voluntad se manifiesta en todo lo que nos rodea. Todos los principios de la creación son expresión de su voluntad, como un hilo invisible que mantiene toda la existencia unida.
Esta creación es su juego, su obra y su mandato. Y es fundamental comprender este concepto en nuestras vidas. ¿Por qué? Porque debemos permitir que la vida se viva a sí misma. Lo que tiene que suceder, sucederá, y nuestra tarea es aceptarlo. Este entendimiento nos llevará a rendir nuestra voluntad ante la suya, ayudándonos a vivir con aceptación y en obediencia a la intención del Señor, que no es otra que nuestro regreso a él.
Los santos nos explican que este mundo ha sido diseñado de acuerdo con el principio del karma. El principio del karma se rige por ‘lo que siembras, cosecharás’. Así funciona este mundo. En ese caso, ¿de qué sirve realmente quejarnos u oponernos a las cosas? No tiene sentido que pongamos barreras; solo tenemos que vivir en esa voluntad y recordar que lo que estamos atravesando hoy es algo que hemos creado en el pasado. Nuestro destino es su voluntad, basado en el principio del karma.
De ahí la importancia de vivir aceptando y permitiendo que todo se desarrolle por sí mismo, sin nuestra interferencia y priorizando solo regresar al Creador. Todo lo que pensamos con nuestras mentes es solo una interferencia. Por tanto, lo que debemos procurar es salir de nuestra voluntad y fusionarnos con su voluntad. Esto en resumen es nuestro plan espiritual. Es encontrar el equilibrio de nuestras acciones y sus consecuencias en este mundo, para que nos sea más fácil regresar a nuestro Padre.
Tomemos el ejemplo del Gran Maestro. Su maestro, Baba Jaimal Singh, constantemente le instaba a aceptar todo lo que ocurría en su destino. En cada una de las páginas del libro Cartas espirituales, vemos cómo le reitera una y otra vez la importancia de considerarse insignificante dentro del gran esquema de las cosas y aceptar plenamente que el Señor es el hacedor de todo:
Todo lo que tenía que hacerse ya se ha hecho, y eso es lo que sucederá; el hombre no hace nada por sí mismo. Créelo incondicionalmente, hijo mío, el satgurú nos dice que el hombre no hace nada; solo los medios para hacerlo parece que provengan de él. Sé valiente y cumple con tu deber. Lo que tenga que ocurrir ya ha ocurrido.
Y esta es una orientación notable de un verdadero maestro, que nos recuerda que el ser humano no hace nada. No somos los que movemos los hilos, como solemos creer. Lo que debe suceder ya está determinado, por lo que en realidad no tenemos control sobre lo que ocurre. Nuestro único trabajo es aceptarlo todo, tal como está escrito en nuestro destino. Como leemos en la Biblia (Mt. 10:30):
En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.
¡Fijémonos en esto! Hasta el más mínimo detalle, incluso nuestros cabellos están ya determinados. Todo está escrito en nuestro destino.
En efecto, todo está en nuestro destino. Y aquí viene la segunda parte: abrirnos a esa aceptación. Se nos enseña que no somos nosotros los que concebimos las grandes ideas que creemos tener. No somos los que escalamos las montañas más altas, los que cantamos las notas más hermosas, los que logramos grandes hazañas. ¡No, no lo somos! No hacemos nada más que aquello que el Señor ya ha preordenado.
Como dice Baba Ji Maharaj en la cita anterior, somos “solo los medios para hacerlo”. Y si esto es así, entonces nuestra perspectiva cambia por completo. Así como usamos una herramienta para llevar a cabo una tarea, el Señor nos usa como instrumentos para seguir adelante con su creación. Nuestro único trabajo es aceptar lo que nos llega y enfocarnos en regresar a él.
El plan divino es regresar a Dios, el plan divino es sintonizarnos con el Shabad que nos llevará a casa. Y por eso, nuestra instrucción es hacer lo que Baba Jaimal Singh le dijo al Gran Maestro: cumplir con nuestro deber y dejar que todo ocurra. El místico sufí Moinuddin Chishti expresa:
No pido ni prosperidad ni adversidad. Todo lo que quiero es vivir continuamente en la voluntad de Dios.
Este es el enfoque de los santos. Quieren que vivamos la vida tal como la vida se vive a sí misma. Sin pedir nada y entrando en el ámbito de su voluntad. Y afortunadamente, la gracia del Señor realmente está fluyendo hacia nosotros ahora. Está atrayéndonos para llevarnos de regreso a casa. Nos está llamando de regreso a él.
¿Y cómo respondemos a esa llamada? Bien, esa llamada nos llega a través del maestro, nuestro guía espiritual, y seguir a nuestro maestro es lo que nos lleva de regreso a Dios.
El Gran Maestro dice en Philosophy of the Masters, vol. III:
El maestro es la voluntad del Señor personificada. Es siguiendo la voluntad del maestro como podemos llegar a conocer la voluntad del Señor.
Entonces, para nosotros, vivir en la voluntad del Señor es escuchar a nuestro maestro. Ahora, podemos redefinir el plan de nuestra vida, sabiendo que es vivir bajo la constante guía del maestro y fusionar nuestra voluntad con su voluntad.
Soami Ji Maharaj, en uno de sus hermosos poemas, recogidos en el libro Sar bachan, nos dice:
Amigo mío, vive en la voluntad del maestro,
y mantenla cerca de tu corazón.
Considera un favor lo que el maestro haga,
y acepta de corazón lo que diga.
Estas profundas palabras resumen la razón de nuestra existencia. Por tanto, nuestro enfoque en la vida se convierte en algo mucho más grande que simplemente alcanzar metas materiales. Nuestras preocupaciones se convierten en el simple proceso de vivir nuestra vida tal como se nos ha dado, y seguir al maestro. Es en esa rendición que encontramos la paz, la aceptación y la comprensión de que todo está ya previsto, y solo necesitamos vivir para cumplir con nuestro propósito divino. Esto es lo que es vivir en la voluntad divina, y lo que nos proporciona una vida llena de paz, satisfacción y gracia.
Los santos y místicos vienen a este plano terrenal para ponernos en contacto con nuestro Padre. Aceptar sus palabras es guardarlas en nuestro corazón.
En la Biblia (Jn. 6:38) leemos:
Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
Es decir, los santos vienen a mostrarnos el camino para reconocer la voluntad del Señor. Y Hazur Maharaj Ji nos explica exactamente cuál es la voluntad del maestro. Él dice en Perspectivas espirituales, vol. III:
¿Cuál es la voluntad del maestro? Ser firmes en los principios en los que tenemos que asentar y practicar nuestra meditación. Esta es su voluntad, esta es su enseñanza, estas son sus instrucciones.
Esta es la base desde la que debemos empezar. La voluntad verdadera del maestro solo la podremos conocer cuando vayamos más allá del reino de la mente y maya.
Entonces, de manera implícita, los santos nos dan las reglas básicas. La voluntad para nosotros es ser firmes en los principios de Sant Mat. ¿Cuáles son estos principios? Seguir una dieta lactovegetariana, abstenerse de consumir productos del tabaco, alcohol, drogas que alteran la mente, y todos los productos canabinoides como el CBD, vivir con honestidad y rectitud, y dedicar al menos dos horas y media diarias a la práctica espiritual. Solo tenemos que vivir adhiriéndonos a estos principios y ser receptivos a la gracia que él nos dispensa, permitiendo que se haga su voluntad. No necesitamos hacer mucho más, porque en realidad, de este modo, podemos vivir una vida sin preocupaciones. Ya no tenemos que planear más, y debemos tomarnos esas instrucciones en serio, para que la vida sea más fácil para nosotros. Tenemos mucho que ganar viviendo la vida de esta manera. Podemos relajarnos y dejar que él se encargue de todo.
El poema citado antes de Soami Ji, continúa así:
¡Oh inconsciente!, aprende lo que es gratitud.
Él te dará dicha o dolor,
lo que en su sabiduría considere mejor.
(…) No puedo dejar de insistir lo suficiente:
dale las gracias a cada momento,
pues sin el maestro nadie puede ayudarte.
Soami Ji nos recuerda que él nos da lo que es adecuado para nosotros, y eso nos ayuda a entender lo valioso de vivir según su voluntad: aprender a ser agradecidos. Acaso, ¿nos hemos olvidado de ser agradecidos? Hazur Maharaj Ji nos decía al principio, que debíamos ser receptivos a su gracia. Y nos volvemos receptivos cuando nos damos cuenta de todo lo que él hace por nosotros. El beneficio de ser agradecidos por todo lo que sucede es que nos volvemos más y más receptivos a la gracia que él derrama. Si en lugar de detenernos a analizar por qué nos pasan las cosas y quejarnos, elegimos ser agradecidos, nuevamente estamos saliendo de nuestra voluntad.
¡El Señor hace tanto por nosotros! Nuestra deuda con él es inmensa. Sin embargo, rara vez damos gracias por lo que tenemos, porque encontramos faltas en todo lo que nos rodea. Nos hemos vuelto un poco como ese niño al que un hombre le dio una naranja, y su madre, que estaba junto a él, le preguntó: “¿Qué le dices al amable señor que te dio la naranja?”. Y el niño le devolvió la naranja al hombre y le dijo: “¿Podrías pelarla, por favor?”. Esto es lo que hacemos nosotros. En lugar de ser agradecidos, pedimos más. Así que el maestro nos dice que seamos receptivos a esa gracia que sentimos cuando estamos en meditación. En lugar de pedir más, aprovechemos cada oportunidad para agradecerle lo que nos ha dado, que es regresar al Señor.
Y esto lleva implícita una profunda reflexión que no deberíamos pasar por alto: todos sabemos que cargamos con una gran cantidad de karmas desde el principio de los tiempos, una carga tan pesada que, a pesar de nuestros más arduos esfuerzos, por nosotros mismos jamás podremos eliminar. Esto nos hace darnos cuenta de que realmente solo es su gracia lo que nos permite aligerarla y encontrar el camino de regreso a casa. Y como nos recuerdan los santos, poner nuestras dos horas y media de meditación es lo que él nos pide, y lo que debemos hacer. Así es como entramos en contacto con la gracia que él está derramando.
La gratitud en nuestras vidas comenzará cuando dejemos de sentirnos con derecho a todo, cuando dejemos de pensar que merecemos lo mejor. Cuando dejemos de pensar que somos los que movemos y controlamos las cosas. Cuando empecemos a someter nuestro ego a través de nuestra meditación, cuando comencemos a mantener la atención en el centro del ojo.
En el libro Luz sobre San Mateo, Hazur Maharaj Ji nos explica el siguiente pasaje de la Biblia: “En verdad la mies es mucha, más los obreros pocos” (Mt. 9:37):
El Señor se encuentra siempre ahí en el centro del ojo, dándonos su gracia con las dos manos, pero los trabajadores son muy pocos. Son muy pocas las personas que están verdaderamente llenas de amor y devoción por el Padre. Realmente, muy pocas personas trabajan duro para regresar al centro del ojo.
Así que esto es lo que Hazur Maharaj Ji define como el plan: llegar al centro del ojo, donde él nos da su gracia con ambas manos. Él quiere que llamemos a esa puerta en el centro del ojo, donde está esperando para dárnosla. Y si lo pensamos, el verdadero regalo que se nos ha dado en la vida es llegar a ese punto donde podemos ponernos en contacto con toda su inconmensurable gracia.
Solo hay una manera de someter la mente para que nuestra voluntad desaparezca y brillemos en su voluntad: la meditación.
El maestro responde
Reconócelo en todos tus caminos,
y Él enderezará tus veredas.
Proverbios 3:6
P. ¿Qué es la voluntad del Señor?
R. Bueno hermano, cuando decimos que tenemos que vivir en la voluntad del Señor, realmente quiere decir que tenemos que vivir nuestro destino, tomándolo sonrientemente como algo que nos ha asignado el Padre, aunque son nuestras propias acciones, las semillas que hemos sembrado y tenemos que recoger. A eso llamamos vivir en la voluntad del Señor. En realidad, son nuestras semillas, son nuestras acciones, y estamos enfrentándonos al efecto de estas acciones ahora como nuestro destino.
Pero vivir con nuestro destino de manera feliz y aceptarlo alegremente es vivir en la voluntad del Señor. Eso no significa que el Padre lo haya escrito para que tengamos que afrontarlo. Siguen siendo nuestras propias acciones. Somos los creadores de nuestro destino. Así que aceptemos nuestro destino felizmente y enfoquémonos en la meditación. Eso es vivir en la voluntad del Padre.
P. Maestro, he oído la palabra ‘gracia’ usada en varios contextos. ¿Podrías decirnos, por favor, lo que significa la gracia del Señor, la gracia del maestro?
R. Es difícil describir la gracia del Padre. Sin su gracia, no conseguiríamos el nacimiento humano. Sin su gracia, no tendríamos la oportunidad de saber acerca del sendero. Sin su gracia, no tendríamos la oportunidad de conocer a un guía vivo que nos ayude en el sendero. Sin su gracia, no tendríamos el ambiente y la facilidad para dedicarnos a la meditación y hacer el mejor uso de esta oportunidad. Todo ocurre por su gracia. Ahora, qué es la gracia lo podemos definir por nosotros mismos. Sin su gracia, nadie puede volver al Padre.
P. Maestro, ¿es lo mismo la voluntad del Señor, el deseo del Señor, o es algo más que él hace para nosotros?
R. Verás, la voluntad del Señor es un poco diferente. Pasar por nuestro destino, recoger la cosecha que hemos sembrado en nuestra vida pasada, podemos tomarlo como la voluntad del Padre. Es nuestra propia creación; es nuestro propio destino. Somos los creadores de nuestro destino. El Señor no ha escrito de manera indiscriminada las cosas en nuestro destino. Nosotros mismos hemos creado nuestro futuro en esta vida presente, pero nos consolamos diciéndonos que estamos viviendo en la voluntad del Padre. Lo que el karma me ha dado, lo que el destino me ha dado, lo tomo como su voluntad.
Pero en realidad la voluntad del Padre es solo cuando vamos al Padre, cuando vamos más allá del reino de la mente y maya, más allá del reino del karma, y entonces nos fundimos en el Shabad. Esa es la voluntad verdadera del Padre, y ese es el verdadero fruto de su gracia. No llamaría a eso la única gracia, sino que ser uno con el Padre, ser uno con el Shabad, fundirse en el Shabad, perder nuestra propia identidad y convertirnos en otro ser, es el fruto de su gracia.
M. Charan Singh. Perspectivas espirituales, vol. III
Espiritualidad sin limitaciones
Tenemos que intentar comprender las enseñanzas de los santos y hacer el esfuerzo de llevarlas a la práctica y vivirlas, y no confinarlas dentro de organizaciones, religiones, comunidades o países. Sus enseñanzas van dirigidas a todo el mundo, y no podemos reservarnos el derecho de afirmar que son solo nuestras.
M. Charan Singh. Perspectivas espirituales, vol. I
“Cuando, cada tarde, el gurú se sentaba para las prácticas del culto, siempre andaba por allí el gato del ashram distrayendo a los fieles. De manera que el gurú ordenó que ataran al gato durante el culto de la tarde. Mucho tiempo después de haber muerto el gurú, seguían atando al gato durante el referido culto. Y cuando el gato murió, llevaron otro gato al ashram para poder atarlo durante el culto vespertino. Siglos más tarde, los discípulos del gurú escribieron doctos tratados acerca del importante papel que desempeña el gato en la realización de un culto como es debido”. (A. de Mello, S. J. El canto del pájaro).
Como vemos en esta historia, en un principio la acción de atar al gato se presentaba como una solución puntual para mantener el orden durante el culto, un acto que respondía a una necesidad concreta del momento. Sin embargo, al institucionalizarse esa práctica, la acción se desvinculó de su propósito original y se convirtió en un ritual inamovible. Mucho después de la muerte del gurú, la norma persistió: el acto de atar al gato se perpetuó, y cuando el gato murió, simplemente se reemplazó por otro, hasta el punto de ser objeto de elaborados tratados doctrinales.
De la misma forma, muchas practicas espirituales son originalmente genuinas, especialmente cuando la práctica de las enseñanzas está bajo la dirección del líder o maestro espiritual del momento. Sin embargo, en la medida en que las comunidades aumentan en número surge la necesidad de una mayor organización, y ahí es justo donde sus prácticas pueden sufrir un proceso de ritualización. Las acciones que en un determinado momento son totalmente necesarias, con el paso del tiempo se ven sustituidas por la repetición mecánica de normas y ritos, donde el significado inicial se diluye, en aras de la cohesión grupal. Lo que en un inicio era un camino con significado y enriquecía espiritualmente a sus devotos, termina –en gran parte– siendo una formalidad que se ejecuta sin cuestionamiento, perdiendo así su sentido.
En este sentido, Hazur Maharaj Ji comenta en el libro Perspectivas espirituales, vol. I:
Detrás de cada costumbre hay una razón. Al no investigar las razones, nos convertimos en esclavos de rituales, ceremonias y dogmas, y olvidamos su propósito.
Desde el punto de vista de los místicos, lo más importante es que, incluso dentro de comunidades y tradiciones, se mantenga el espacio para la experiencia individual sin que desaparezca la verdadera espiritualidad: la conexión interior y directa de cada uno con la divinidad, más allá de las normas impuestas.
Hazur Maharaj Ji sigue explicando en Perspectivas espirituales, vol. I:
Generalmente, después de la partida de místicos y adeptos, nos olvidamos de sus verdaderas enseñanzas e intentamos limitarlas. Creamos organizaciones poderosas y establecemos religiones sólidas. Nos aferramos a los dogmas, rituales y ceremonias y nos olvidamos de la realidad.
… Nuestras organizaciones, religiones, ritos y tradiciones solo tienen sentido junto a la espiritualidad. Si la espiritualidad se pierde, entonces son solo ceremonias, cáscaras vacías. Si se pierden las verdaderas enseñanzas de Cristo, la religión se convierte en una simple cáscara. Si la verdadera enseñanza de Gurú Nanak se pierde, entonces el ambiente que intentó transmitirnos y el camino que quería que recorriéramos se olvida y no se sigue.
… Si seguimos y vivimos las enseñanzas verdaderas, entonces estas prácticas cumplen su función junto con la espiritualidad. De lo contrario, todas nuestras religiones carecen de sentido, y la espiritualidad se pierde, el ambiente se disipa, y solo quedan los rituales.
De ahí que, en definitiva, el desafío consista en encontrar un equilibrio que permita que las tradiciones apoyen la experiencia espiritual, en lugar de limitarla o reducirla a una simple repetición formal. La práctica genuina debe ser una fuente de transformación y no una mera costumbre desprovista de su propósito original.
Debemos vivir las enseñanzas de los místicos, sean cuales sean, con autenticidad y comprensión, no simplemente como una obligación social o cultural. Solo así, la esencia espiritual presente en ellas puede convertirse en un camino de transformación interior, que nos proporcione verdadero crecimiento espiritual.
Hazur Maharaj Ji, continúa explicando en Perspectivas espirituales, vol. I:
Todos los místicos y adeptos intentan enseñarnos ese sendero en particular, que nos lleva de regreso al Padre, en el interior del cuerpo. Todos los días leemos a tantos místicos y santos: Dadu, Paltu, Mira Bai, Nanak, Soami Ji, Kabir, Shams-i-Tabriz y muchos más. Hablamos de la Biblia porque en ella encontramos el mismo misticismo. Y todos tienen el mismo mensaje e insisten en el mismo tema. Lo más importante es entenderlo y seguirlo, practicarlo.
Estas palabras del maestro nos hablan de la importancia de comprender las enseñanzas que practicamos y el propósito de las mismas. Si bien están dirigidas al ámbito grupal o social, también se aplican a nivel individual. Ninguna práctica espiritual u oración tendrá verdadero sentido si carece de significado para la persona que la realiza.
Por ejemplo, la oración o la meditación individual no pueden ser frías, calculadas o condicionadas por la expectativa de resultados, ni reducirse intencionadamente a una lista de peticiones. Deben surgir de la sinceridad y del sentimiento del discípulo, y verdaderamente deben significar algo para él.
Hazur Maharaj Ji dice en Muere para vivir:
No hay una oración determinada que puedas repetir cuatro o cinco veces al día. No se necesita ningún idioma, no se necesitan palabras en la oración. La oración es un idioma de amor del corazón al Padre, y entonces no existe nadie entre tú y el Padre. No eres consciente del mundo cuando le rezas a él. Él existe y tú existes. Esa es la oración verdadera, y eso solo es posible en el momento de la meditación, cuando intentamos olvidar todo lo que somos y dónde estamos.
Y más adelante añade:
Orar significa simplemente vivir en el amor y la devoción por el Padre. Eso es la oración continua. No se requieren palabras concretas; no hay que repetir oraciones establecidas. Debe ser una oración desde el corazón.
El amor es tan profundo que es completamente opuesto a la vaciedad de hacer cosas de forma superficial o carentes de sentido. Nuestra práctica espiritual debe estar llena de amor, y ese amor tiene que estar vivo en nuestro corazón; como un latido fuerte que nos impulse a acercarnos a aquel de quien hemos estado separados durante tanto tiempo.
Si nuestra práctica espiritual está llena de amor, entonces los rituales y prácticas vacías perderán su poder. El amor los desvanecerá, pues es lo que realmente da significado a nuestra meditación. Si mantenemos ese sentimiento vivo en cada oración y en nuestra vida, estaremos a salvo.
Como suelen expresar los místicos, el valor de la enseñanza de un místico está en seguir sus enseñanzas. Su valor no aumenta al limitar sus enseñanzas a una religión. Sus enseñanzas van dirigidas a todo el mundo, a toda la creación, indistintamente de la religión a la que pertenezcamos, ya seamos cristianos, judíos, sijs, hindúes o musulmanes. Las imparten a todo el mundo, no hay limitación.
Hazur Maharaj Ji, consciente de lo fácil que puede ser para nosotros desviarnos del propósito de los satsangs o charlas en las que se explican las enseñanzas de Sant Mat, comenta en Perspectivas espirituales, vol. III:
No puedo fijar ninguna norma de actuación sobre cómo organizar las reuniones y dónde celebrarlas. Si en el grupo hay afecto y armonía, es indiferente el lugar donde se reúna, incluso aunque sea al lado de la carretera. Lo que importa es el amor, la fe y la devoción, no el lugar.
Y sobre el mismo tema, también dice: “El satsang no debe convertirse en un acto social. En el satsang, por lo general, deberíamos hablar del sendero, de la forma de vida, y no de política, historias o milagros. (…) No vamos simplemente para disfrutar de la compañía de los demás, sino para conseguir inspiración para la meditación”. Y añade:
En las reuniones deberíamos ser una fuente de fortaleza para los demás, una fuente de ayuda mutua en el sendero. Debemos inspirarnos unos a otros.
Debemos regresar llenos de amor y devoción por la meditación, por el maestro, por el sendero, por vivir esta forma de vida. No es bueno que escuchemos una grabación solo como un ritual, sin sentir inspiración, o sin obtener ninguna fuerza en la reunión.
En definitiva, si estudiamos las enseñanzas de todos los místicos, veremos que todos dicen lo mismo: Dios está dentro de cada uno de nosotros, y ahí es donde debemos buscarlo a través de la práctica interior.
Pero si ocurre que llega un momento en que nos desvinculamos de este mensaje esencial, que está presente en las verdaderas enseñanzas de un místico, por las circunstancias externas que sean, y los ritos y costumbres predominan –convirtiéndose en la razón para ir a los lugares de culto–, toda comprensión y significado se han perdido. ¡La espiritualidad se ha perdido!
Por eso, es importante estar siempre atentos y conscientes. Si notamos que estamos meditando o rezando sin sentimiento alguno, es una señal de que debemos detenernos y preguntarnos: ¿Estoy haciendo la práctica con el corazón o solo por obligación? Recordemos que la espiritualidad no es un conjunto de reglas rígidas, sino un camino de transformación personal.
La única forma de evitar caer en la superficialidad es practicar la meditación con sinceridad. No se trata de repetir palabras sin sentido ni de hacerlo solo porque alguien nos lo dice. Se trata de abrir el corazón, de retirar completamente la atención hasta llegar a sentir la paz y la conexión con la divinidad. Si ponemos intención y amor en nuestra práctica, podemos confiar en que el maestro velará por mantenernos en el camino correcto y llevarnos finalmente a nuestro destino.
Tenemos que sentarnos a meditar por amor a la meditación, por amor al Padre.
… Cuando estamos meditando, debemos sentir que la mente está ahí. La mente debe estar absorta en la meditación. Si la mente se dispersa, entonces la meditación es mecánica. La meditación no debe ser solo mecánica. Pero cuando la mente está absorta en la meditación, entonces, naturalmente, la mente siente amor y devoción por la meditación.
M. Charan Singh. Muere para vivir
Una elección individual
De todos los santos que han venido al mundo desde tiempos inmemoriales, ninguno ha venido a fundar una nueva religión o credo.
Todos han traído el mismo mensaje. Todos han predicado la misma Verdad. Todos han enseñado el mismo sendero…
Desafortunadamente… las enseñanzas se tergiversan y se superponen con las concepciones de mentes limitadas, incapaces de captar su ‘verdadera esencia’.
M. Charan Singh. Citado en Una llamada al despertar
A medida que el sangat ha ido creciendo –actualmente ya suman millones–, la estructura organizativa requerida para satisfacer las necesidades básicas del sangat ha tenido que hacerse más grande y compleja. De la misma manera, se necesitan más edificios e instalaciones en los centros donde se reúne el sangat para satsang. La propiedad, como sabemos por la historia de la humanidad, inevitablemente conlleva aspectos relacionados con el dinero y el poder.
Para muchos de nosotros la idea de que Sant Mat se convierta en una organización social más que en una espiritual es aterradora. Un futuro en el que todo aquello de lo que hemos dependido para nuestro sustento espiritual se convierta en algo sin vida es una pesadilla. ¿Por qué este temor?
Ante el crecimiento del sangat, nos preguntamos si el peso de la burocracia y las posesiones enterrarán el núcleo espiritual de Sant Mat bajo una capa de jerarquía y convenciones sociales.
No obstante, podemos tener esperanza.
Si pensamos profundamente en esto, nos daremos cuenta de que la elección de Sant Mat como camino puramente espiritual es una decisión que cada uno de nosotros tomamos individualmente. Sant Mat es un camino que se recorre dentro de uno mismo.
Si nos iniciamos, asistimos a satsang, hacemos seva pero no hacemos la meditación, básicamente, actuamos como miembros de una organización social.
Sin embargo, si diariamente hacemos la meditación, cumplimos con los votos que tomamos en el momento de la iniciación y seguimos implícitamente la guía del maestro vivo, estamos siguiendo un sendero espiritual universal. Si seguimos las instrucciones del maestro estamos en un sendero místico. Independientemente de lo que hagan los demás, estamos en el camino espiritual de Sant Mat.
El poder de convertir Sant Mat en una organización únicamente social no está en las manos de la organización. No es, tan siquiera, una decisión hecha –consciente o inconscientemente– por la acción colectiva del sangat. Es una elección que cada uno de nosotros hace todos los días cuando decidimos si nos sentamos o no, cuando le dedicamos el tiempo y meditamos como se nos indicó en nuestra iniciación.
La pregunta no está ‘ahí fuera’ sino más bien ‘aquí’. Es nuestra decisión, una decisión personal de cada uno de nosotros.
Sant Mat, la práctica de la Verdad, por sí misma no puede ser otra cosa que lo que es. Sant Mat significa el camino de los santos. Es un camino interior, un modo de vida demostrado por los iluminados que en su esencia ha permanecido inalterado desde tiempos inmemoriales, incluso cuando las enseñanzas universales de los santos se han expresado de diferentes maneras de acuerdo con las necesidades cambiantes de los seres humanos en diferentes épocas y diferentes partes del mundo.
Una llamada al despertar
… el sendero espiritual requiere algo más que valores morales. Requiere entrenar a la mente para que se enfoque, contemple y escuche el Shabad. Mientras que la moralidad es fundamental para desenvolvernos en el mundo físico, el camino espiritual requiere que nuestra consciencia se eleve a un nivel superior para poder experimentar la realidad que se encuentra más allá de los planos físico y mental.
Una llamada al despertar