El plan de Dios
Haz lo mejor que puedas y deja el resto. Deja el resto para que el Señor lo resuelva según su voluntad. La acción correcta y la entrega son las dos caras de una misma moneda.
Una llamada al despertar
En la vida, siempre deseamos que las cosas sucedan a nuestra manera. Queremos tener un plan de acción para todo, hasta el punto en que nuestra voluntad se vuelve predominante en lo que hacemos.
En el libro Legacy of Love, Hazur Maharaj Ji expresa:
El mejor plan que puedes hacer es vivir en su voluntad, aceptar sus mandamientos y ser receptivo a su gracia.
Estas palabras tan sencillas encierran la clave para que nuestras cargas desaparezcan y nuestro plan de acción cambie por completo. En realidad, con una instrucción tan simple como “aceptar el mandato del Señor”, el maestro nos lo está poniendo muy fácil, pues está haciendo que nos alejemos de nuestra voluntad y abracemos la suya.
Hay dos aspectos que el maestro señala en la cita anterior: aceptar su voluntad y ser receptivos a su gracia.
Aceptar la voluntad de Dios es un principio que todas las religiones han adoptado como parte de sus enseñanzas. Todas las fes y prácticas hablan de su voluntad y es fundamental en todas las enseñanzas espirituales. Los santos y místicos han empleado diversos términos para referirse a ella: bhana, hukum, su mandato, entre otros. Cada uno de estos términos conlleva matices de significado, como la intención del Señor, lo que le complace o su decreto.
Si lo expresamos de manera sencilla y clara, su voluntad es el plan de Dios para nosotros, lo que, según Hazur Maharaj Ji, es nuestro mejor plan. En términos prácticos, como él mismo nos enseña, se trata de vivir de acuerdo con el plan que Dios tiene para nosotros, en lugar de intentar planearlo todo por nuestra cuenta.
¿Y cuál es el plan de Dios para nosotros? ¿Qué es lo que él quiere? Quiere que volvamos a él. Esta es la voluntad divina.
Podemos cuestionarnos y quizás ni siquiera comprender completamente con nuestras mentes limitadas qué es su voluntad divina, pero en términos generales, sabemos que en esta creación existen ciertos principios o leyes que rigen su funcionamiento. Estas leyes han sido establecidas por el Señor y, por lo tanto, su voluntad se manifiesta en todo lo que nos rodea. Todos los principios de la creación son expresión de su voluntad, como un hilo invisible que mantiene toda la existencia unida.
Esta creación es su juego, su obra y su mandato. Y es fundamental comprender este concepto en nuestras vidas. ¿Por qué? Porque debemos permitir que la vida se viva a sí misma. Lo que tiene que suceder, sucederá, y nuestra tarea es aceptarlo. Este entendimiento nos llevará a rendir nuestra voluntad ante la suya, ayudándonos a vivir con aceptación y en obediencia a la intención del Señor, que no es otra que nuestro regreso a él.
Los santos nos explican que este mundo ha sido diseñado de acuerdo con el principio del karma. El principio del karma se rige por ‘lo que siembras, cosecharás’. Así funciona este mundo. En ese caso, ¿de qué sirve realmente quejarnos u oponernos a las cosas? No tiene sentido que pongamos barreras; solo tenemos que vivir en esa voluntad y recordar que lo que estamos atravesando hoy es algo que hemos creado en el pasado. Nuestro destino es su voluntad, basado en el principio del karma.
De ahí la importancia de vivir aceptando y permitiendo que todo se desarrolle por sí mismo, sin nuestra interferencia y priorizando solo regresar al Creador. Todo lo que pensamos con nuestras mentes es solo una interferencia. Por tanto, lo que debemos procurar es salir de nuestra voluntad y fusionarnos con su voluntad. Esto en resumen es nuestro plan espiritual. Es encontrar el equilibrio de nuestras acciones y sus consecuencias en este mundo, para que nos sea más fácil regresar a nuestro Padre.
Tomemos el ejemplo del Gran Maestro. Su maestro, Baba Jaimal Singh, constantemente le instaba a aceptar todo lo que ocurría en su destino. En cada una de las páginas del libro Cartas espirituales, vemos cómo le reitera una y otra vez la importancia de considerarse insignificante dentro del gran esquema de las cosas y aceptar plenamente que el Señor es el hacedor de todo:
Todo lo que tenía que hacerse ya se ha hecho, y eso es lo que sucederá; el hombre no hace nada por sí mismo. Créelo incondicionalmente, hijo mío, el satgurú nos dice que el hombre no hace nada; solo los medios para hacerlo parece que provengan de él. Sé valiente y cumple con tu deber. Lo que tenga que ocurrir ya ha ocurrido.
Y esta es una orientación notable de un verdadero maestro, que nos recuerda que el ser humano no hace nada. No somos los que movemos los hilos, como solemos creer. Lo que debe suceder ya está determinado, por lo que en realidad no tenemos control sobre lo que ocurre. Nuestro único trabajo es aceptarlo todo, tal como está escrito en nuestro destino. Como leemos en la Biblia (Mt. 10:30):
En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.
¡Fijémonos en esto! Hasta el más mínimo detalle, incluso nuestros cabellos están ya determinados. Todo está escrito en nuestro destino.
En efecto, todo está en nuestro destino. Y aquí viene la segunda parte: abrirnos a esa aceptación. Se nos enseña que no somos nosotros los que concebimos las grandes ideas que creemos tener. No somos los que escalamos las montañas más altas, los que cantamos las notas más hermosas, los que logramos grandes hazañas. ¡No, no lo somos! No hacemos nada más que aquello que el Señor ya ha preordenado.
Como dice Baba Ji Maharaj en la cita anterior, somos “solo los medios para hacerlo”. Y si esto es así, entonces nuestra perspectiva cambia por completo. Así como usamos una herramienta para llevar a cabo una tarea, el Señor nos usa como instrumentos para seguir adelante con su creación. Nuestro único trabajo es aceptar lo que nos llega y enfocarnos en regresar a él.
El plan divino es regresar a Dios, el plan divino es sintonizarnos con el Shabad que nos llevará a casa. Y por eso, nuestra instrucción es hacer lo que Baba Jaimal Singh le dijo al Gran Maestro: cumplir con nuestro deber y dejar que todo ocurra. El místico sufí Moinuddin Chishti expresa:
No pido ni prosperidad ni adversidad. Todo lo que quiero es vivir continuamente en la voluntad de Dios.
Este es el enfoque de los santos. Quieren que vivamos la vida tal como la vida se vive a sí misma. Sin pedir nada y entrando en el ámbito de su voluntad. Y afortunadamente, la gracia del Señor realmente está fluyendo hacia nosotros ahora. Está atrayéndonos para llevarnos de regreso a casa. Nos está llamando de regreso a él.
¿Y cómo respondemos a esa llamada? Bien, esa llamada nos llega a través del maestro, nuestro guía espiritual, y seguir a nuestro maestro es lo que nos lleva de regreso a Dios.
El Gran Maestro dice en Philosophy of the Masters, vol. III:
El maestro es la voluntad del Señor personificada. Es siguiendo la voluntad del maestro como podemos llegar a conocer la voluntad del Señor.
Entonces, para nosotros, vivir en la voluntad del Señor es escuchar a nuestro maestro. Ahora, podemos redefinir el plan de nuestra vida, sabiendo que es vivir bajo la constante guía del maestro y fusionar nuestra voluntad con su voluntad.
Soami Ji Maharaj, en uno de sus hermosos poemas, recogidos en el libro Sar bachan, nos dice:
Amigo mío, vive en la voluntad del maestro,
y mantenla cerca de tu corazón.
Considera un favor lo que el maestro haga,
y acepta de corazón lo que diga.
Estas profundas palabras resumen la razón de nuestra existencia. Por tanto, nuestro enfoque en la vida se convierte en algo mucho más grande que simplemente alcanzar metas materiales. Nuestras preocupaciones se convierten en el simple proceso de vivir nuestra vida tal como se nos ha dado, y seguir al maestro. Es en esa rendición que encontramos la paz, la aceptación y la comprensión de que todo está ya previsto, y solo necesitamos vivir para cumplir con nuestro propósito divino. Esto es lo que es vivir en la voluntad divina, y lo que nos proporciona una vida llena de paz, satisfacción y gracia.
Los santos y místicos vienen a este plano terrenal para ponernos en contacto con nuestro Padre. Aceptar sus palabras es guardarlas en nuestro corazón.
En la Biblia (Jn. 6:38) leemos:
Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
Es decir, los santos vienen a mostrarnos el camino para reconocer la voluntad del Señor. Y Hazur Maharaj Ji nos explica exactamente cuál es la voluntad del maestro. Él dice en Perspectivas espirituales, vol. III:
¿Cuál es la voluntad del maestro? Ser firmes en los principios en los que tenemos que asentar y practicar nuestra meditación. Esta es su voluntad, esta es su enseñanza, estas son sus instrucciones.
Esta es la base desde la que debemos empezar. La voluntad verdadera del maestro solo la podremos conocer cuando vayamos más allá del reino de la mente y maya.
Entonces, de manera implícita, los santos nos dan las reglas básicas. La voluntad para nosotros es ser firmes en los principios de Sant Mat. ¿Cuáles son estos principios? Seguir una dieta lactovegetariana, abstenerse de consumir productos del tabaco, alcohol, drogas que alteran la mente, y todos los productos canabinoides como el CBD, vivir con honestidad y rectitud, y dedicar al menos dos horas y media diarias a la práctica espiritual. Solo tenemos que vivir adhiriéndonos a estos principios y ser receptivos a la gracia que él nos dispensa, permitiendo que se haga su voluntad. No necesitamos hacer mucho más, porque en realidad, de este modo, podemos vivir una vida sin preocupaciones. Ya no tenemos que planear más, y debemos tomarnos esas instrucciones en serio, para que la vida sea más fácil para nosotros. Tenemos mucho que ganar viviendo la vida de esta manera. Podemos relajarnos y dejar que él se encargue de todo.
El poema citado antes de Soami Ji, continúa así:
¡Oh inconsciente!, aprende lo que es gratitud.
Él te dará dicha o dolor,
lo que en su sabiduría considere mejor.
(…) No puedo dejar de insistir lo suficiente:
dale las gracias a cada momento,
pues sin el maestro nadie puede ayudarte.
Soami Ji nos recuerda que él nos da lo que es adecuado para nosotros, y eso nos ayuda a entender lo valioso de vivir según su voluntad: aprender a ser agradecidos. Acaso, ¿nos hemos olvidado de ser agradecidos? Hazur Maharaj Ji nos decía al principio, que debíamos ser receptivos a su gracia. Y nos volvemos receptivos cuando nos damos cuenta de todo lo que él hace por nosotros. El beneficio de ser agradecidos por todo lo que sucede es que nos volvemos más y más receptivos a la gracia que él derrama. Si en lugar de detenernos a analizar por qué nos pasan las cosas y quejarnos, elegimos ser agradecidos, nuevamente estamos saliendo de nuestra voluntad.
¡El Señor hace tanto por nosotros! Nuestra deuda con él es inmensa. Sin embargo, rara vez damos gracias por lo que tenemos, porque encontramos faltas en todo lo que nos rodea. Nos hemos vuelto un poco como ese niño al que un hombre le dio una naranja, y su madre, que estaba junto a él, le preguntó: “¿Qué le dices al amable señor que te dio la naranja?”. Y el niño le devolvió la naranja al hombre y le dijo: “¿Podrías pelarla, por favor?”. Esto es lo que hacemos nosotros. En lugar de ser agradecidos, pedimos más. Así que el maestro nos dice que seamos receptivos a esa gracia que sentimos cuando estamos en meditación. En lugar de pedir más, aprovechemos cada oportunidad para agradecerle lo que nos ha dado, que es regresar al Señor.
Y esto lleva implícita una profunda reflexión que no deberíamos pasar por alto: todos sabemos que cargamos con una gran cantidad de karmas desde el principio de los tiempos, una carga tan pesada que, a pesar de nuestros más arduos esfuerzos, por nosotros mismos jamás podremos eliminar. Esto nos hace darnos cuenta de que realmente solo es su gracia lo que nos permite aligerarla y encontrar el camino de regreso a casa. Y como nos recuerdan los santos, poner nuestras dos horas y media de meditación es lo que él nos pide, y lo que debemos hacer. Así es como entramos en contacto con la gracia que él está derramando.
La gratitud en nuestras vidas comenzará cuando dejemos de sentirnos con derecho a todo, cuando dejemos de pensar que merecemos lo mejor. Cuando dejemos de pensar que somos los que movemos y controlamos las cosas. Cuando empecemos a someter nuestro ego a través de nuestra meditación, cuando comencemos a mantener la atención en el centro del ojo.
En el libro Luz sobre San Mateo, Hazur Maharaj Ji nos explica el siguiente pasaje de la Biblia: “En verdad la mies es mucha, más los obreros pocos” (Mt. 9:37):
El Señor se encuentra siempre ahí en el centro del ojo, dándonos su gracia con las dos manos, pero los trabajadores son muy pocos. Son muy pocas las personas que están verdaderamente llenas de amor y devoción por el Padre. Realmente, muy pocas personas trabajan duro para regresar al centro del ojo.
Así que esto es lo que Hazur Maharaj Ji define como el plan: llegar al centro del ojo, donde él nos da su gracia con ambas manos. Él quiere que llamemos a esa puerta en el centro del ojo, donde está esperando para dárnosla. Y si lo pensamos, el verdadero regalo que se nos ha dado en la vida es llegar a ese punto donde podemos ponernos en contacto con toda su inconmensurable gracia.
Solo hay una manera de someter la mente para que nuestra voluntad desaparezca y brillemos en su voluntad: la meditación.